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Inspirarse en imágenes

2012/05/23

En mi último artículo escribí sobre lo útil que resulta poseer un archivo de imágenes para sacar de ellas inspiración literaria. Lo que no dije fue lo que hago yo con esas imágenes, y me parece oportuno retomar aquí ese tema. Espero que esto le dé algunas ideas prácticas para incorporar en su vida de escritura.

Recuerde los detalles

Una fotografía nos puede servir de referencia a la hora de redactar un pasaje donde nos interesa presentarles a nuestros lectores una imagen viva de cómo se ve un lugar, un rostro, un objeto. En vez de depender exclusivamente de nuestra memoria, tener una fotografía a la vista nos permite mantener siempre cierta congruencia en las descripciones, sin importar cuán extensa sea nuestra obra. (Dicen que J.R.R. Tolkien debió empezar a tomar nota de cómo iban vestidos sus personajes en El Hobbit luego de que su hijo Christopher le reclamara, decididamente indignado, que en la historia de la noche anterior el jefe de los enanos llevaba una capa amarilla, y a la noche siguiente su capa se había tornado verde musgo).

Déjese inspirar

Por más cliché que suene el dicho de “una imagen vale más que mil palabras”, lo cierto es que detrás de ese rostro pueden esconderse incontables anécdotas, y en esa habitación puede haber ocurrido toda clase de situaciones. Hágase preguntas cada vez que analice los detalles de una foto. ¿Qué estará pensando esta persona? ¿Quién vive en esa casa? ¿Cuál es el secreto de este pozo? Elija cualquier elemento del cuadro e intente contestar preguntas básicas como estas hasta dar con un tema satisfactorio. No importa si el resultado no calza con su proyecto actual, algún día podría serle útil.

No dude en hacer cambios

La fotografía es una ayuda, no un monumento inamovible. ¿A la señora de la casa le gusta el verde? Entonces la alfombra amarilla en nuestra foto de referencia puede cambiar de color sin ningún problema. No hace falta alterar la imagen en photoshop; basta con tomar los apuntes necesarios y, eso sí, mantenerlos en un sitio de fácil acceso (idealmente en una ficha describiendo el escenario utilizado, al estilo de las fichas de personaje).

Aproveche su espacio de trabajo

Si le resulta cómodo (por ejemplo, si no es algo que le estorbe al resto de su familia), coloque en un lugar visible las imágenes que esté utilizando para escribir. Desde el fondo de escritorio y el salvapantallas de su computadora, hasta una pizarra de corcho o un portarretratros cercano, tener estos cuadros donde pueda verlos constantemente le ayudará a mantenerse en sintonía con la historia. También es muy posible que le ayuden a ‘sentirse ahí’, en el caso de lugares, de imaginar los pensamientos y palabras en caso de un personaje, además de otras muchas posibilidades.

Tenga cuidado con los derechos de autor

Esto es una pequeña advertencia, por aquello de no meterse en enredos legales. A menos que la imagen de referencia la haya creado usted, es bastante probable que esté protegida por derechos de propiedad intelectual. No utilice tales fotografías o ilustraciones en su obra publicada sin obtener primero los derechos de uso. Tampoco incorpore en su ficción descripciones precisas de escenas tomadas de ilustraciones de algún artista; en cambio, altere detalles hasta volverlo algo nuevo. El truco está en tomarse libertades poéticas y aprovechar nuestra imaginación… o dar los créditos respectivos.

¿Y usted cómo utiliza ayudas visuales?

¡Feliz escritura!

Herramientas – El archivo de imágenes

2012/05/21

Siempre me ha gustado coleccionar fotografías e imágenes curiosas: un rostro enigmático, algún paraje solitario en el bosque, una edificación ingeniosa, hasta un mapa de tierras lejanas, ¡todo ello me despierta las ganas de saber más sobre las historias que podrían estar ahí, esperando ser descubiertas!

Originalmente comencé coleccionando recortes de periódicos y revistas viejas; de hecho, todavía conservo una caja de zapatos llena de estas imágenes variopintas, pero rara vez me tomo la molestia de abrir el armario y mirar dentro. Desde que la Internet y las computadoras se volvieron parte integral de mi vida cotidiana, lo que conservo es un archivo digital de esas (literalmente) miles de fotografías, dibujos, pinturas e ilustraciones que, tarde o temprano, terminan por darme ideas interesantes para entretejer a mis poemas y relatos.

Empiece usted también su propio archivo de imágenes

Lo primero es dedicar un espacio a la colección, ya en una caja, ya en una carpeta en el disco duro. Ese espacio será una colección de historias en espera de ser contadas, así que es mejor asegurarse de no mezclarlo con otras clases de documentos que puedan rondar por ahí.

Lo segundo es organizar la colección de manera lógica, de modo que resulte relativamente fácil localizar imágenes específicas. Le recomiendo destinar una subcarpeta a imágenes de personas y titularla “personajes”. Haga lo mismo con “objetos curiosos”, “escenarios”, “criaturas” (en especial si le interesa la ciencia ficción o la fantasía), y toda otra clase de categorías generales que no dejen duda alguna sobre el contenido. En mi caso, reconozco ser un poco obsesivo con el orden, así que suelo jerarquizar las carpetas y añadir subcategorías dentro de cada una según la cantidad de imágenes que posea de cierto tipo. Por dar un ejemplo, mi carpeta de “personajes” tiene una subcategoría de “niños”, otra de “niñas”, una de “hombres”, una de “mujeres”, una de “monstruos” y otra última de “seres fantásticos”… según el rostro particular me resulte más apropropiado para una u otra.

El tercer punto es el más obvio y necesario: ¡acumular las imágenes! Admito que esta es una de mis formas predilectas de procrastinación. Puedo llegar a pasarme noches y madrugadas enteras en Google o Bing en busca de la imagen perfecta, pero guardando virtualmente todo lo que me pueda ser de utilidad luego. Basta con escribir una palabra clave y pulsar el botón de búsqueda para sumergirse en un océano de estímulos visuales de toda clase. Por dar un ejemplo, la novela que estoy trabajando en este momento transcurre entre dos enormes bosques y un poblado de campesinos; eso me llevó a buscar imágenes de bosques (uno oscuro y denso, el otro luminoso y abierto) para inspirarme en las descripciones. Pero mientras estaba en eso encontré también toda clase de fotografías de fauna, flora, personajes, cabañas… listos para ser integrados en mi historia.

Vale aclarar que la búsqueda en Internet no es mi única opción cuando ando a la cacería estímulos visuales. Los periódicos, las revistas viejas, las fotos tomadas con un celular o, mejor aun, una cámara digital… y por supuesto los libros son todos ellos buenos para obtener imágenes interesantes. No se asuste, jamás mutilaría un libro solo para extraer un cromo; más bien colecciono toda clase de guías de naturaleza, diccionarios visuales, libros de arte, y un sin fin de otras obras ilustradas. ¡El tiempo se va volando cuando me sumerjo en un buen libro en busca de inspiración!

Le invito a iniciar su propio archivo fotográfico. No importa qué tan modesto sea al principio, con los años podrá llegar a recorrerlo como se recorre un museo, con los ojos bien abiertos y la imaginación rebosante de ideas.

 

¡Feliz escritura!

 

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