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Esos necesarios defectos

2012/06/27

En la literatura ligera, así como en el cine y la televisión de mala calidad, es muy común que los argumentos, situaciones y, en especial, los personajes estén perfilados de manera muy superficial. Los malos son completamente pérfidos, mientras los buenos son criaturas celestiales. En otras palabras, son falsos y aburren al poco tiempo.

Afortunadamente el público en general ya se ha ido cansando de semejantes estereotipos, de las figuras de cartón y los discursos simplistas. Pero ¿por qué son aburridos? Puesto en pocas palabras, son inverosímiles.

Resulta difícil tragarse el cuento del príncipe tan valiente que no importa cuán terrible sea el dragón, termina venciendo simplemente por ser el ‘bueno’. Y ni qué decir de la bella pero humilde damisela que termina por conseguir un marido apuesto y acaudalado.

En el pasado, el moralismo extremo y la censura social solo permitían un cierto tipo de protagonistas, todos ellos versiones idealizadas de lo que debía ser la gente según el discurso dominante. En la actualidad más bien se cae en el extremo opuesto: los ‘héroes’ son neuróticos, manipuladores y a todas vistas bien desagradables como seres humanos. Pero la realidad tiende más hacia un término medio entre ambos extremos.

Ningún ser humano es perfectamente ‘bueno’ o ‘malo’ –en especial cuando estas palabras varían tan fácilmente de significado. Todos tenemos alguna clase de mancha, limitación, algún secreto oscuro, pero también cualidades positivas. Nuestros lectores están conscientes de ello y encuentran difícil identificarse con alguien demasiado artificial.

Si se trata de la heroína del relato, por ejemplo una activista por los derechos de los animales… entonces démosle un carácter difícil, tal vez agresivo, como resultado mismo de su apasionada convicción. Si en cambio tenemos al antagonista, un traficante de marfil interesado principalmente en hacerse rico, podemos también añadirle una especie de parche luminoso: tal vez una hija pequeña a quien adora por sobre todas las cosas.

Un buen defecto no necesariamente debe ser físico, como la nariz de Cirano, o un vicio moralmente reprochable, como el muy gastado alcoholismo. Ni siquiera es necesario exagerar, cual es el caso de tantos desórdenes neuróticos que suelen plagar comedias chabacanas y telenovelas baratas. Una propensión a la ira, inseguridad en situaciones sociales, una actitud pesimista, rigidez emocional y muchos otros aparentes defectos pueden darle un matiz más humano a nuestros protagonistas.

En su simplicidad, cada opción ofrece muchas posibilidades, y nuestras decisiones determinarán si el público lector terminará apreciando el relato o tirándolo a la basura.

Vale también la pena experimentar con una combinación sutil de varios elementos, positivos y negativos, pero siempre intentando formar un conjunto sólido (¡también se valen las contradicciones!).

La próxima vez que esté trabajando alguno de sus personajes, intente compararlo con personas reales y, sin calcar muchos detalles, identifique aspectos positivos y negativos de esa persona que pueda incorporar en el relato. Esto le ayudará a perfilar seres más cercanos a la experiencia cotidiana y a evitar los lugares comunes.

¡Feliz escritura!

Las tres palabras más importantes para un escritor

2012/06/06

En escritura no existe ninguna fórmula mágica para resolver todos nuestros problemas. Pero a falta de eso, lo más parecido que tenemos es una pregunta bastante directa y tan engañosamente simple que muchos la desdeñan, ignorantes de su enorme potencial.

Esa pregunta es ‘¿qué tal si…?’

Son solo tres palabras –ni siquiera una oración completa–, pero detrás de ellas se encuentra un océano prácticamente infinito de creatividad. Grandes obras de la literatura han sido posibles gracias a que alguien se atrevió a salir del esquema cuadrado de lo conocido o generalmente aceptado y sencillamente se dedicó a imaginar nuevas posibilidades.

Mucha ficción es resultado de preguntas como estas: ¿Qué tal si Napoleón hubiera sido 20 centímetros más alto? o ¿Qué tal si la Madre Teresa se hubiera convertido al Islam? Pero este truco no es exclusivo de la ficción. Periodistas, investigadores, filósofos y muchos más han dado con la verdad sobre un evento, o nuevas y fascinantes opciones interpretativas gracias a preguntas similares. Si usted escribe ensayo, por ejemplo, un buen uso del ‘¿qué tal si…?’ puede hacer la diferencia entre un texto plano, repetitivo, y uno fresco y lleno de ideas fascinantes.

Ejercitar la imaginación inquisitiva puede ayudarnos a salir de lo cotidiano y lograr lo extraordinario. Pero tal capacidad requiere dirección y entrenamiento adecuados, o de lo contrario podemos perdernos en un mundo de ilusión y no volver nunca a poner los pies en tierra. Al igual que un perro guardián, solo nos es útil si está encadenada donde podamos controlarla.

Defina un rumbo y manténgalo

Ante un problema cualquiera haga un recuento general, una especie de diagnóstico. Identifique los puntos más importantes de la situación (personajes, eventos, lugares) y visualice cómo se relacionan entre ellos. Ahora, cambie alguno, al principio solo de forma sutil, pero poco a poco de maneras más drásticas.

Digamos que su personaje principal es el típico cliché del cine negro: tipo duro, fumador y borracho, que frecuenta lugares de mala muerte y su vida personal es un desastre. ¡Aburrido! Semejante personaje solo es bueno para burlarse de él, y ningún lector será capaz de creérselo ni por un instante de tan gastado que está. Necesitamos hacerlo destacar, que adquiera una tercera dimensión. ¿Cómo? Pues alterando los detalles poco a poco hasta romper su imágen de cartón. ¿Qué tal si nuestro tipo duro resulta ser aficionado a la música clásica? ¿Qué tal si prefiere siempre vestirse con vivos colores? ¿Qué tal si es abstemio, vegetariano y partidario de la medicina natural? ¿Qué tal si…?

Pero la cosa no puede acabar ahí. Una vez que nos planteamos estas preguntas es necesario darles continuidad, llevar las nuevas posibilidades hasta sus últimas consecuencias dentro del límite de la verosimilitud. Si le gusta la música clásica, ¿cuál es su actitud hacia las discotecas ruidosas? ¿Cómo afecta esto su trabajo? ¿Se niega a visitar tales lugares o, por el contrario, lo hace a regañadientes, sintiéndose luego miserable por lo mal que lo ha pasado? Más preguntas surgen de la primera. ¿Y qué tal si le gusta la música clásica porque de niño fue a un conservatorio? ¿Qué tal si ser músico es un sueño frustrado? ¿Qué nos dice eso de su vida personal? Un solo cambio puede afectar la historia en muchos niveles.

Conviértalo en un hábito

El otro punto necesario en este ejercicio es la repetición constante. Al igual que los bíceps, la imaginación se vuelve floja y pierde fuerza con la falta de uso. En cambio, la práctica va aumentando nuestra destreza y olfato para detectar las opciones con potencial.

Las primeras ideas que nos vengan a la mente pueden parecernos magníficas, pero nada nos obliga a quedarnos ahí. ¡No seamos conformistas! Hagamos a un lado los primeros resultados y sumerjámonos de lleno en ese océano de incógnitas. Después de suficientes inmersiones seguramente será posible hallar algún tesoro en el fondo.

Y lo más importante: nos ayudará a evitar los lugares comunes.

La próxima vez que no sintamos plena satisfacción con algún escrito, siempre cabe hacer el ejercicio de formular una simple pregunta con estas tres palabras y descubrir las muchas posibilidades que nos abre.

¡Feliz escritura!

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