Posts Tagged ‘lenguaje’

El texto, Roland Barthes

2012/03/29
Roland Barthes

Roland Barthes (Foto: Wikipedia)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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En esta ocasión quisiera compartir un extracto de la obra del semiólogo francés Roland Barthes sobre teoría del texto, a modo de introducción al significado moderno de esta palabra:

“¿Qué es un texto, para la opinión general? Es la superficie fenoménica de la obra literaria: es el tejido de las palabras comprometidas en la obra y dispuestas de modo que impongan un sentido estable y a poder ser único. A pesar del carácter parcial y modesto de la noción (después de todo, no es más que un objeto, perceptible por el sentido visual), el texto participa de la gloria espiritual de la obra, de la que es el sirviente prosaico pero necesario. Ligado constitutivamente a la escritura (el texto es lo que está escrito), tal vez porque el dibujo mismo de las letras, aunque sea lineal, sugiere el habla y el entrelazamiento de un tejido (etimológicamente, “texto” quiere decir “tejido”), es, en la obra, lo que suscita la garantía de la cosa escrita, de la que reúne las funciones de salvaguarda: por una parte, la estabilidad y la permanencia de la inscripción, destinada a corregir la fragilidad y la imprecisión de la memoria; y, por otra, la legalidad de la letra, rastro irrecusable, indeleble, en nuestra opinión, del sentido que el autor de la obra ha depositado intencionalmente en ella; el texto es un arma contra el tiempo, el olvido y las pillerías del habla, que tan fácilmente se retracta, se altera o se desdice. Por lo tanto, la noción de texto está históricamente ligada a todo un mundo de instituciones: derecho, Iglesia, literatura, enseñanza; el texto es un objeto moral: es el escrito como participante del contrato social; somete, exige que lo observemos y lo respetemos, pero a cambio marca al lenguaje con un atributo inestimable (que no posee por esencia): la seguridad.”

Roland Barthes, extracto del artículo ‘Texto’ en Encyclopaedia Universalis, tomo XV, 1973. Recopilado en “Variaciones sobre la escritura“, Paidós; Barcelona, 2002. Selección y traducción de Enrique Folch González.

¡Feliz escritura!

Consejos para aclarar ideas difíciles

2011/12/07

De los muchos inconvenientes que podemos enfrentar en este arduo oficio de las letras, uno bastante molesto es tratar de explicar algún punto abstracto o idea confusa sin por ello recurrir a incontables notas al pie, diagramas, conversaciones inverosímiles o largos pasajes expositivos, pues todo ello nos asegura perder en poco tiempo la atención y complicidad de nuestros lectores.

He aquí algunas recomendaciones sencillas para aclarar ideas complicadas en relativamente poco tiempo. Utilice cada una por separado o en conjunto, y no dude en agregar sus propias estrategias para llevar luz a un pasaje algo oscuro.

Lenguaje en común. Trate de evitar los términos técnicos o la jerga profesional en la medida de lo posible, a menos de tener plena seguridad de que el público ya conoce dicho término. Una forma de lograr esto es introducir la palabra o concepto algún tiempo antes de su uso en la explicación. Si por ejemplo es crucial que en determinado punto de su texto se utilice el concepto de relatividad para explicar la teoría del espaciotiempo de Einstein, asegúrese de preparar al lector con antelación, tal vez una o dos secciones antes, trabajando primero la relatividad por separado y sin exigir otros conomimientos previos. Es decir, construya primero un lenguaje compartido con los lectores, y sobre esta base vaya armando el andamiaje de ideas piso por piso.

El valor de una metáfora. ¿Cómo le explicamos a un niño pequeño lo que es la muerte? Pues mucha gente recurre a comparaciones con otros eventos o experiencias que el niño conozca, para luego añadir un poco más de detalle. “Mami está dormida, y ya no se puede volver a despertar.” De la misma forma, el uso de comparaciones, símiles, metáforas, alegorías y símbolos (siempre y cuando resulten fáciles de comprender en sí mismos) puede ayudar al esclarecimiento del tema sin desviar demasiado la atención del lector. Eso sí, cuídese de no sonar condescenciente ni de subestimar intelectualmente a su audiencia.

La ignorancia es bendición. Nunca ponga a dos personajes a darse explicaciones mutuamente sobre un asunto que ambos dominan. Imagínese escuchar una conversación entre dos abogadas, y que una le diga a la otra “Como ya sabes, el derecho de hábeas corpus consiste en que nadie puede ser privado de libertad sin que se formule una acusación en su contra”. Esto resulta inverosímil simplemente porque en la vida real la gente da por un hecho aquello que los demás ya saben. En cambio, ponga al experto a explicar el concepto a una persona que de ningún modo podría saber ni jota al respecto. Muchos autores reconocidos cuentan la historia desde el punto de vista del personaje que menos sabe, precisamente para que en su descubrir el mundo o las situaciones, también los lectores puedan hacerlo de forma natural.

No lo cuente, ¡muéstrelo! Esta es tal vez la regla más famosa de la escritura creativa, y por buenos motivos. Las abstracciones y explicaciones teóricas son difíciles de asimilar debido a que el cerebro piensa principalmente en imágenes, no en palabras. La mente siempre hace un esfuerzo por utilizar imágenes concretas y concatenarlas en un orden lógico a fin de poder retener los conceptos que representan. ¿Qué es más fácil de recordar, una larga explicación sobre la teoría de la fuerza mecánica, o una demostración con pesos y palancas? Ayudemos a nuestros lectores proporcionando imágenes definidas y concretas que permitan por una parte retener la explicación, y por otra, hacerla amena o inclusive ayudar a eliminarla por completo.

Seguramente a usted se le ocurrirán otras muchas formas de explicar sin aburrir. ¿Qué le parece si nos comparte alguna?

¡Feliz escritura!

¿Qué es el talento?

2011/12/06

Tetradracma griego. El talento era una unidad de peso para uso comercial; el concepto luego evolucionó para denotar la valía de una persona.

En un artículo anterior menciono la relación entre escritura, talento y esfuerzo personal.

El problema con algunas palabras es que la mayoría las utiliza sin conocer bien su significado, o si éstas poseen varios, suelen ocurrir confusiones entre la idea que intenta expresar uno y el mensaje que entiende otro.

Talento es una de ellas.

Cuando hablamos del talento, ya sea artístico en general o más específico, como el talento musical o el literario, ¿a qué exactamente nos estamos refiriendo? Se me ocurren algunas opciones:

Persona sobresaliente. La primera idea que me viene a la mente al escuchar esta palabra en su uso cotidiano es la de un prodigio, alguien famoso en virtud de su asombrosa capacidad artística. Beethoven, Picasso, Sor Juana Inés de la Cruz y un reducido número de ‘grandes nombres’ conforman los ejemplos típicos.

Inteligencia, astucia. Una segunda versión se refiere más específicamente a la capacidad intelectual que tienen algunos individuos para desempeñarse con gran eficacia en ciertas profesiones más mentales, como leyes, comercio, economía o historia.

Vocación, ambición. En tercera instancia pensamos en alguien cuyas inclinaciones y deseos personales le hacen sobresalir (¡nuevamente esta palabrita!) en un campo determinado, ya no solo el artístico sino virtualmente cualquier actividad humana. No es la capacidad o inteligencia lo que llaman la atención en este caso, sino la actitud de la persona hacia su actividad predilecta.

Aptitud o idoneidad. Esta última es la menos llamativa de todas. Se trata de tener una simple capacidad para realizar determinada labor o para desempeñarse en algún puesto. En este caso ya no vienen a la mente retratos de famosos, sino imágenes genéricas de hombres y mujeres competentes, uniformados según sus distintas profesiones así lo exijan, pero siempre cumpliendo sus labores a cabalidad y con pericia.

Ahora bien, todas estas ideas generales tienen dos cosas en común. La primera es bastante evidente: quien posee algún talento necesariamente llamará la atención respecto de otras personas, en el mismo campo, que no lo posean.

La segunda, menos obvia, es que en todos los casos cada individuo debió realizar alguna clase de esfuerzo repetido y constante a fin de convertir su aptitud, capacidad o vocación en algo útil. “A Dios rogando y con el mazo dando”, como dicen por ahí.

En otras palabras, lo que llamamos talento puede ser, sencillamente, el resultado del esfuerzo personal, y no algo innato.

Creo firmemente que todos poseemos alguna clase de talento. Nuestra labor consiste primero en descubrirlo y luego cultivarlo. Como digo en los comentarios al artículo antes mencionado, sin trabajo arduo el talento no brilla, igual que no reluce una joya que ho ha sido pulida.

¡Feliz escritura!

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