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Cómo escribir una reseña

2012/03/27

La reseña es un breve artículo informativo en el que damos cuenta de nuestra experiencia con una obra, ya sea literaria, de ficción o de temas prácticos. También puede abarcar un ámbito más amplio, como cine, teatro o alguna otra actividad creativa, pero el más usual es el de la novela.

El objetivo de escribir la reseña puede ser diverso: recomendarle a otros la obra, criticar negativamente (es decir, sugerir a otros que no pierdan su tiempo y dinero en algo que a nuestro juicio no vale la pena), incitar a la compra, como es el caso de las reseñas de corte publicitario, o dar cuenta de nuestros estudios por medio de los informes de comprensión de lectura que muchas instituciones de enseñanza piden a sus estudiantes.

Estructura y extensión

Exceptuando este último caso (para el cual cada institución tendrá sus lineamientos y requisitos particulares), la mayoría de reseñas suelen gravitar más o menos hacia la siguiente estructura:

Introducción
-Cómo descubrí el libro
-Quién es el autor
Desarrollo
-De qué trata el libro
-Extractos relevantes a modo de ejemplo
-Posible utilidad (o perjuicio) para el lector
-De qué me ha servido su lectura
Conclusión
-Qué impresión o sabor de boca me ha dejado
-Qué tanto lo recomiendo

Las reseñas suelen ser de una sola página, pero pueden hacerse mucho más cortas y solo incluir datos breves sobre el asunto del libro, su autor y algún extracto, siempre cerrando con la recomendación final. Otras son bastante más extensas, demorándose en ejemplos detallados, reflexiones y hasta anécdotas personales.

Para saber cuánta información es la apropiada, conviene localizar otros artículos en la misma publicación o medio en que vamos a difundir el trabajo, a fin de formarnos una idea de lo que nuestro público podría esperar. Eso sí, por lo general es mejor ir directo al grano que alargarse demasiado.

Otras consideraciones

El requisito fundamental para este tipo de trabajo es, obviamente, haber leído el texto a reseñar, pero no solo de forma superficial sino prestando mucha atención a nuestras reacciones, tanto objetivas como subjetivas, durante la lectura.

Como podrá notarse del anterior esquema, se trata de puntos bastante subjetivos en los que la opinión y gusto del escritor juegan el papel protagónico. Muy lejos del entorno académico donde el frío formalismo y la objetividad aséptica son norma, aquí se trata de compartir honestamente nuestra vivencia. Siempre guardando el debido respeto a las personas, debemos dar una opinión consecuente con las reacciones que nos haya provocado realmente la obra.

Por último podemos agregar una nota sobre el tono y lenguaje a utilizar. Quien escribe una reseña pretende que su opinión sea tomada en serio. Para lograrlo, se debe cuidar la redacción para no sonar demasiado entusiastas o prejuiciados como para tener una visión clara de la obra.

 

Próximamente compartiré algunas reseñas propias sobre textos que me han resultado de gran utilidad para la escritura creativa.

¡Feliz escritura!

 

Solo podemos dar lo que tenemos

2012/03/20

¿Así o más sencillo?

Quien escribe no puede pretender que la inspiración le baje de los cielos y surja espontáneamente una obra de arte digna de ser recordada por el resto de la eternidad. Cierto, los antiguos afirmaban que esa era su forma de trabajo… pero ellos no inventaron nada nuevo, y en cambio se dedicaron a recoger (como Homero) las historias populares y darles una forma estética más acabada. Es decir, hicieron su buena parte de investigación y aplicaron las herramientas físicas e intelectuales de su oficio a la tarea emprendida. Pero si los seguimos leyendo es por otro motivo: tenían algo valioso que contar.

Escribir no es un simple acto mecánico de seguir esta o aquella fórmula y mover los dedos de cierta manera sobre un teclado hasta obtener una obra terminada. Me consta que hay quienes así piensan, pero el resultado es siempre lamentable: un cascarón vacío y sin vida, las mejores de las veces como un huevo de pascua, muy decorados en el exterior pero insubstanciales.

Escribir es compartir. Para escribir hay que tener algo qué decir, y sin esto, el intento es vano ya de por sí.

Y nosotros, ¿qué tenemos para dar?

Tenemos aquello de lo que nos hayamos nutrido, pero no en su versión prístina y original, sino regurgitada, masticada, mezclada con saliva, sudor y jugos gástricos hasta quedar transformada en composta. (Dicen incluso por ahí que no existen las ideas originales: todas son resultado de esta especie de humus en el inconsciente.)

Tenemos el fruto de nuestras destrezas y potencialidades, cualesquiera que sean, algunas en estado salvaje, otras más o menos cultivadas.

Tenemos nuestros puntos de vista, prejuicios, limitaciones, actitudes, vicios y virtudes, la mayoría de ellos desconocidos para nosotros mismos (aunque nunca faltará quien sea capaz de señalarlos). Pero sobre todo, tenemos experiencia de vida.

Tenemos recuerdos, sueños, frustraciones, éxitos, fracasos, y muchas preguntas sin responder. Tenemos rencores y amistades, celos y envidias, gratitudes y deudas, besos, silencios y suspiros. Tenemos palabras susurradas al oído, gritos a todo pulmón, mordeduras de lengua, el corazón en la garganta.

Y por encima de todas las cosas, tenemos aquellos momentos compartidos con otros seres humanos, con otras vidas, y ahí reside el poder de contar una historia y encontrar a alguien que quiera, si acaso por un momento, prestarle atención. Porque es aquello que tenemos en común con los otros el único puente capaz de salvar las distancias entre dos mentes, entre dos corazones, y hacernos olvidar por un momento nuestra pequeña cúpula de cristal para salir en espíritu a explorar ese otro mundo vislumbrado en un relato.

Tenemos historias, todos nosotros, que valen la pena ser contadas.

No perdamos el tiempo en estudios de mercado ni prostituyamos nuestra vida y nuestro esfuerzo en confeccionar el próximo ‘best-seller’ según supuestas fórmulas establecidas. Si la historia que contamos es real, hallará un oído atento; si no lo es, se perderá irremediablemente en medio del bullicio.

¡Feliz escritura!

Para escribir (bien) hay que leer

2011/11/09

“Si quieres escribir, primero debes leer. Solamente la asimilación de ideas [ajenas] puede ayudarnos a aprender cómo ir enfocándonos en las ideas propias.” –Allan Eckert*

Muy a menudo me encuentro con gente en foros para escritores que desean convertirse en la próxima Stephanie Meyer o J.K. Rowling, y prentenden hacerlo con su primer borrador de un fanfic mal regurgitado. De cuando en cuando, solo por ver cómo anda la cosa, les pregunto acerca de sus libros favoritos, y como era de esperar, esas autoras (o peor, solo una) son prácticamente lo único que han leído fuera de los libros obligatorios en el colegio o instituto.

Estimado lector, estimada lectora: pon mucha atención a las palabras de mister Eckert allí arriba y sigue el consejo. Más aun, visita una librería local y, alejándote de las secciones de los más vendidos así como de la ‘literatura juvenil’, busca un poco entre el estante de ‘clásicos literarios’ (ese que normalmente se encuentra en una esquina mal iluminada y poco accesible). No te limites a tu propia región: consigue obras de autores extranjeros, de culturas diferentes, aun si el único medio para leerles sea una traducción de oscura procedencia. Tampoco es recomendable quedarse en un solo tipo de obra, así que junto a las novelas de fantasía o romance que tanto te gustan, puedes añadir al carrito de compras algún ensayo, antología de cuentos o poemario. Conforme leas y te informes podrás irte haciendo un criterio sobre calidad y contenidos, pero eso tarda su tiempo.

También es útil recordar otro punto: cantidad no equivale a calidad. El público en general puede leer grandes cantidades de libros pero no por ello van a mejorar su redacción y desarrollo de ideas. ¡Leer así sin más no sirve! Hay que leer de manera crítica, haciendo un análisis cuidadoso de vocabulario, redacción, exposición y estructura discursiva. Si no entrenamos a la mente para percatarse de tales sutilezas, tampoco podremos hacer mucho para mejorar nuestra escritura, pues seremos incapaces de reconocer cuándo, cómo y por qué algún pasaje está bien logrado o, al contrario, no funciona en lo más mínimo.

Para poder escribir bien es necesario aprender de quienes ya han demostrado su destreza en el campo.

¡Feliz lectura!

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*Através de @Quotes4Writers

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