Posts Tagged ‘corrección del texto’

Reescribir viejos trabajos

2012/05/09

Soy un acumulador de cuadernos y papeles. Tengo un mueble de archivo lleno de ellos, todos debidamente clasificados según el tema, la fecha, y otros criterios obsesivamente ordenados. Jamás me deshago de un solo apunte o garabato, ni siquiera cuando ya los he pasado en limpio o digitalizado de alguna forma. Supongo que me siento más seguro sabiendo que cuento con el original como referencia, o tal vez se trate de una necesidad meramente psicológica de sostener el apego a quien fui en el momento de escribir o dibujar aquella cosa.

Pues bien, en los últimos días he pasado bastantes horas pasando en limpio muchos de mis viejos poemas y fragmentos en prosa. Ha sido una excelente oportunidad para recordar mis días en uno de los talleres literarios en los que mejor la pasé, pero también, y sobre todo, para comparar con el tipo de cosas que escribo ahora, más de una década después.

En primer lugar, puedo ver cómo mi estilo ha ido evolucionando y volviéndose más maduro, más seguro de sí mismo. No solo poseo un vocabulario bastante más amplio que entonces, también han cambiado los temas de interés, los lugares comunes de mi universo de letras, la forma misma de redactar hasta la oración más simple.

En segundo lugar, me da una valiosa oportunidad para redescubrir muchos fragmentos olvidados y evaluarlos bajo una nueva luz. Con la mayoría de ellos no puedo evitar la convicción de que se tratan de verdadera basura, y me alegra no haber publicado casi ninguno.

Pero de lo poco que se rescata es interesante descubrir que prácticamente no resisto la tentación de corregir una palabra aquí, una frase allá, de eliminar versos enteros y añadir otros tantos, en fin, de reescribirlo todo. Lo veo como una oportunidad para darle nueva vida a un cadáver ya enterrado y exhumado luego. El espíritu sigue estando ahí, en el nuevo poema, pero el cuerpo –las palabras de la anterior encarnación– queda descartado a favor de uno nuevo y mejor.

Copiar, pasar en limpio y reescribir también fomentan la creatividad. Me estimulan intelectual y anímicamente para crear cosas nuevas, escribir nuevas historias, nuevos versos. Me da ideas que puedo trabajar. Es como si el simple hecho de mover los dedos sobre este teclado fuera suficiente para activar el mecanismo de la inspiración.

Pero soy un acumulador, y como nunca tiro nada, termino añadiendo estas versiones y escritos nuevos al creciente archivo digital, a fin de comparar otro día, algunos años en el futuro, la evolución de aquellas piezas supervivientes.

Y usted, ¿tiene por ahí algún cuaderno viejo? Si es así no dude en desempolvarlo: es muy posible que se lleve algunas sorpresas agradables.

¡Feliz escritura!

 

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Nuestra obsesión

2012/03/28
Thomas Mann, 20 April 1937

Thomas Mann (Foto: Wikipedia)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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“Un escritor es alguien a quien escribir le resulta más difícil que a otras personas.” –Thomas Mann

 

¿Le parece contradictoria esta idea?

¡Por supuesto! Pero no por ello deja de tener algo de verdad.

Para la mayoría de la gente, escribir es una tarea cotidiana e insignificante, una más de tantas cosas utilitarias de las que debemos encargarnos: contestar correos electrónicos, enviar mensajes de texto, dejar un breve apunte pegado al refrigerador… Al redactarlos no suele prestárseles mucha atención, y a nadie (o casi nadie) le importa si la letra está algo ilegible, si hay errores de concordancia o de ortografía, ni siquiera si le falta puntuación. Lo que importa es hacerse entender, y para la mayoría eso es suficiente.

Un escritor debería, según el sentido común, haber desarrollado una facilidad de expresión suficiente como para ganarse el pan diario. Después de todo, escribir no tiene mucha ciencia, basta con mecanografiar rápido y tener alguna idea del asunto a tratar. Por lo menos eso piensan.

Pero no, esa no es la realidad de escritores o profesionales de las letras (traducción, filología, periodismo, edición, etcétera). Para nosotros cada palabra cuenta, y aun a riesgo de parecer obsesivos, podemos tardar muchísimo rato leyendo y releyendo cada renglón en busca de erratas, devanándonos los sesos en pos de la palabra precisa, pronunciando cada frase en voz alta para darnos una mejor idea del efecto que puede llegar a tener en nuestros lectores… y no me refiero solo a trabajos más serios, sino a todo lo que llegamos a poner en palabras; sí, inclusive los mensajes por teléfono.

¿Exagerado? ¡Para nada!

Y es que no se trata de esnobismo gramatical ni cosa semejante. La palabra bien escrita es nuestra pasión, sin importar el medio o la circunstancia.

 

Y a usted, ¿qué tanto le cuesta escribir?

 

Escritura libre: dígale adiós al bloqueo

2011/11/07

Toda persona que por algún motivo se vea en la necesidad de escribir, ya sea por razones académicas, laborales o de otro tipo, llega tarde o temprano a sentirse falta de inspiración. Este famoso ‘bloqueo del escritor’ puede darse por muchos motivos, uno de ellos el simple hecho de tener al frente una página (o pantalla) en blanco. Para romper ese punto muerto existen muchas estrategias, y una de ellas es bastante simple: escribir. Escribir sin pensar, sin juzgar, sin planear, sin darle tiempo al inconsciente de hacernos una zancadilla.

No se trata de hacer escritura ‘automática’, sino de más bien desconectar todos los mecanismos de autocrítica. Escriba lo primero que se le ocurra, sin importar lo ridículo, descabellado, incoherente o incendiario que pueda parecerle al principio. Su escritura inicial no será la misma que llegue a ver la luz más adelante, sino una forma de decirle al inconsciente “¡ponte ya a trabajar!” Siempre habrá tiempo luego para organizar las ideas; eliminar palabras, frases, párrafos; añadir argumentos y ejemplos faltantes; pulir un diálogo. Pero eso sí, nada de eso podrá hacerlo mientras no tenga algo ya escrito para trabajar.

¿Qué pasa si no tiene un tema para escribir? Este ejercicio es más fácil si ya tiene una idea general de aquello que desea explorar. Pero si no la tiene, simplemente no se preocupe y escriba lo primero que se le venga a la cabeza, sin importar si se trata de una lista de compras, alguna tarea pendiente, su programa favorito de televisión… Lo importante es ejercitar el músculo creativo. Una vez rompa el bloqueo psicológico y empiece a escribir, existen buenas posibilidades de encontrar un tema sobre la marcha, pero lo primero es echarse a andar.

¿Qué pasa si se queda atascado? La idea es escribir sin parar, sin detenerse a pensar mucho, sin juzgar. Nos quedamos atascados cuando tratamos de escribir algo específico –con buena ortografía, puntuación y gramática– que alguien pueda leer. Es decir, estamos ya juzgando lo escrito, no le estamos dando una oportunidad. ¡Pero en este ejercicio olvídese de eso! Escriba tan rápido como pueda, ya sea con lápiz, pluma o teclado, sin revisar, sin casi poner atención al resultado. Algo que a veces me sirve es de hecho cerrar los ojos y, habida destreza en mecanografía, imaginar una escena o lugar muy vívidamente, y comenzar a escribir pero sin abrir los ojos para corregir errores, ya luego habrá tiempo para eso.

Ya escribí por diez minutos, ¿ahora qué? Ahora es el momento para tomar un marcador brillante y leer con cuidado el fragmento. No vamos a hacer corrección de estilo ni nada similar; la verdad, ese pequeño texto no será –excepto en raros casos– algo que podamos utilizar en sí mismo, al menos no en ese estado. En vez de eso, vamos a buscar entre los renglones algo interesante, alguna palabra, frase o idea que logre atrapar nuestra atención. Resaltaremos todo esto y lo utilizaremos para construir un tema más concreto y específico en fase de reescritura, esta vez haciendo todas las pausas y reflexiones necesarias.

La escritura libre es un medio de romper los bloqueos psicológicos que nos impiden comenzar a escribir, pero una vez roto el bloqueo casi siempre las palabras empezarán a fluir con mayor facilidad. Además, sirve para estimular la creatividad y atrapar ideas al vuelo. Demuéstrele a su inconsciente quién manda y en poco tiempo empezará a ver los resultados.

¡Feliz escritura!

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