Posts Tagged ‘bloqueo de escritor’

Esas necesarias distracciones

2012/06/04

Una corta caminata puede ayudarnos a despejar la mente.

Muchas veces ocurre, cuando nuestro cerebro se encuentra al borde de un colapso de tanto devanar alguna idea complicada, intentando resolver un problema o entender conceptos demasiado abstractos, que basta una pequeña distracción para sacarnos del ensimismamiento y romper la barrera intelectual que impide nuestro avance.

A mí me pasa de tanto en tanto. Tras horas frente al teclado y la pantalla intentando resolver alguna escena complicada pero sin lograrlo, me voy al servicio sanitario y allí, totalmente distraído del texto, tal vez cuando estoy justo lavándome las manos, me llega alguna idea totalmente nueva que me resuelve el problema. A veces nos esforzamos demasiado y tan solo hacía falta una pequeña distracción…

Esto no le ocurre solo a escritores. Numerosas anécdotas de monjes Zen relatan algo muy similar: tras días enteros de meditación profunda, el ruido inesperado de una rana saltando a una poza, o de una rama de bambú quebrándose, fueron suficientes para sacarles de golpe de su intensa concentración mental y, según cuentan, producirles la iluminación.

Sí, pareciera algo contradictorio. Normalmente cuando escribo intento hacerlo en un ambiente de perfecta calma y con un mínimo de distractores. Si no me es posible escribir de madrugada, suelo silenciar el teléfono o bloquear el ruido exterior con audífonos y una música lo suficientemente monótona o poco interesante como para no prestarle atención. Me funciona de maravilla.

Sir Isaac Newton, el genio matemático y científico que planteó la teoría de la gravitación universal y creador del cálculo (aunque los partidarios de Leibnitz ven las cosas de otra manera), pasaba largas horas en el retrete sumido en una especie de trance intelectual que no admitía la más mínima interrupción, ni siquiera para subirse los pantalones y regresar a su escritorio.

Pero en esos casos donde la mente ya no puede más, donde ya se han agotado todas las alternativas o simplemente hemos caido en un circuito sin salida, busque una distracción pasajera. Salga a caminar por media hora. Tome una siesta. Dése un baño. Cualquier cosa que no le exiga usar el cerebro pero sí sea capaz de sacarle de ese estado de obsesión intelectual. Su salud se verá beneficiada y, posiblemente, su trabajo y escritura también.

¡Felices distracciones!

7 consejos para estimular la creatividad

2012/04/30

A casi todos nos pasa. Quedarnos mirando fijamente el espacio monócromo del lienzo, el papel, la pantalla y no saber qué diablos hacer para transformar esa nada en algo –no un algo cualquiera, faltaba más, sino en algo de lo cual sentirnos orgullosos, que valga la pena.

Nos ocurre a los estudiante con nuestras redacciones para el día siguiente tanto como los profesionales con nuestros primer bosquejo. En todo ámbito creativo toparemos tarde o temprano con este insoportable vacío y el miedo de no poder llenarlo. Existen muchos trucos para salir al paso en el momento, pero la verdadera cuestión es cómo lograr que la inspiración se mantenga constantemente a nuestro alcance.

En los años que llevo de leer gran cantidad de manuales, revistas y otros materiales sobre escritura creativa, además de mi propia experiencia individual o en talleres literarios, puedo enumerar siete estrategias fundamentales para reavivar las llamas de la inspiración. No son ocurrencia mía, y quien haya leído algo sobre escritura creativa podrá reconocerlos en sus múltiples encarnaciones.

1. Llenarnos de estímulos: leer mucho, aprender de los clásicos, discriminar a quién emularemos, alimentarnos de ideas, rodearnos de buenos maestros. Parte de ello implica estudiar, no solo a los escritores y sus obras literarias, sino también obras sobre escritura y redacción. Y claro está, alimentarnos de otras expresiones artísticas.

2. Dominar el idioma: solo así podremos expresar nuestras ideas. Esto se adquiere primero con la lectura arriba mencionada, pero ello no basta, sino que es imprescindible poner manos a la obra y practicar incesantemente todos los aspectos técnicos: redacción, vocabulario, gramática, etcétera.

3. Ser originales: es decir, no tratar de imitar a otros, no copiar, ser honestos con nosotros mismos y nuestros escritos, decir las cosas por convicción y no como estrategia de ventas. Se trata de crear algo capaz de contribuir a la humanidad de alguna forma, no simplemente de repetir lo mismo de siempre en otras palabras. No hay nada más estimulante que expresarnos libremente, sin estar a la sombra de otros ni buscando su aprobación.

4. Ser tenaces: escribir todos los días, tener disciplina, no contentarse con el primer borrador, revisar y estar dispuestos a corregir, cambiar, quitar o añadir hasta estar completamente satisfechos con el resultado. Implica reconocer que las obras valiosas no salen al primer intento. Y sobre todo, jamás rendirnos.

5. Disfrutar del proceso: tener la apertura para experimentar, divertirnos, imaginar, crear, explorar. Escribir es lo primero; la corrección y el pulimiento vendrán después. No permitamos que nuestro crítico interno haga de las suyas.

6. Ser buenos observadores: solo así aprenderemos a conocer la naturaleza humana, poner atención, vivir la vida, expresar lo humano, tener algo valioso que decir en nuestras obras (y en ese sentido, se complementa con la originalidad).

7. Perder el miedo: tenemos derecho a equivocarnos, a escribir a sabiendas que se cometen errores, que nunca estaremos satisfechos, que vale más el contenido que la forma, que no a todo el mundo le gustará lo que escribamos. Si intentamos alcanzar la perfección, o si pretendemos adaptarnos a todas las críticas, jamás llegaremos a producir nada.

Aunque suenen a cosa evidente, me sorprendo una y otra vez siempre que alguien, en contra de todo sentido común, pretende ayudar a otros ‘aconsejándoles’ las versiones contrarias de estos siete puntos… pero eso es tema para otro artículo.

¿Y usted qué opina? ¿Cuál es su estrategia favorita para asegurar un flujo constante de inspiración?

¡Feliz escritura!

Ejercicio – Lluvia de ideas

2012/02/19

Escribir sobre la nada no es tarea fácil: nos falta dirección, propósito, algún asidero desde donde comenzar a explorar un tema cualquiera. Nos encontramos como un pescador en aguas turbias donde no se divisan más que reflejos y sombras; es ahí donde resulta valioso realizar una ‘lluvia de ideas’ para agitar un poco el fondo y ver qué maravilloso pez sale a la superficie.

Lo primero es lanzar un anzuelo mental a ver qué logramos pescar. Algunas personas cierran los ojos y toman alguna imagen que les salta a la visión interior. Otros más bien los abren, observan detenidamente a su alrededor y fijan la atención en algún pequeño detalle, algo inusual, interesante o curioso. Mi forma favorita de iniciar una lluvia de ideas es ya teniendo una buena carnada que colocar en el anzuelo: algún vislumbre, fragmento de idea, tema general o inclusive frase impactante que haya podido atrapar en medio de una lectura, escuchando música o conversando con alguien.

Además, la lluvia de ideas debe hacerse sin ninguna clase de juicio de valor: al principio no descartamos nada, no decidimos que tal o cual idea es ‘mala’ solo por no tratarse de un pez dorado. Tampoco se trata de tener –todavía– algo para mostrare a los demás. Es decir, en lugar de escribir oraciones completas o inclusive párrafos, simplemente escribimos frases sueltas, ejemplos, nombres, palabras e imágenes que salten a la consciencia en cuanto pensamos en un tema particular. Observemos nuestros pensamientos tal cuales y tomemos nota.

Apenas tengamos ya alguna idea básica apuntémosla en un papel en blanco o un documento nuevo en nuestro procesador de texto favorito. Escribamos en el encabezado el tema general vislumbrado, pero todavía no pensemos en un título, eso vendrá luego cuando ya tengamos un hilo conductor para el texto.

Este tema es como un gran estanque donde pueden vivir toda clase de criaturas, algunas coloridas, otras opacas; unas lentas y perezosas, otras veloces y efímeras. Nuestra primera tarea es explorar esas aguas, averiguar lo que se esconde debajo de la superficie, en medio de las rocas y la vegetación. Cuando pensamos en el tema seleccionado, ¿qué otras imágenes surgen espontáneamente? ¿Cuáles son extrovertidas y se muestran claramente? ¿Cuáles son más bien tímidas y escurridizas?

Por debajo del encabezado (la superficie del agua o, si se quiere, el pez más colorido de la cubeta) anotaremos todas las ideas que se nos ocurran en relación a ese tema. Puede hacerse una lista ordenada, o podemos ir poniendo las ideas en desorden por toda la página. Entonces se puede empezar a organizarlas por afinidad. Buscaremos primero las palabras o categorías más generales, incluyendo debajo toda aquella que se relacione directamente. Cuando ya tengamos estos conjuntos, el siguiente paso es organizarlos de forma jerárquica, es decir, de más a menos según su importancia, o de general a específico, de común a inusual, de forma cronológica, etcétera. ¡Seamos creativos!

¿Y ahora? Ahora que ya hemos logrado pescar esas escurridizas imágenes y esquivos pensamientos, ha llegado el momento de ponerse a escribir: a remar con fuerza y mucho ánimo hacia el puerto, donde nos esperan –ojalá– nuestros lectores, cubiertos en mano y ávidos de paladear nuestro próximo platillo literario.

¡Feliz escritura!

Escritura libre: dígale adiós al bloqueo

2011/11/07

Toda persona que por algún motivo se vea en la necesidad de escribir, ya sea por razones académicas, laborales o de otro tipo, llega tarde o temprano a sentirse falta de inspiración. Este famoso ‘bloqueo del escritor’ puede darse por muchos motivos, uno de ellos el simple hecho de tener al frente una página (o pantalla) en blanco. Para romper ese punto muerto existen muchas estrategias, y una de ellas es bastante simple: escribir. Escribir sin pensar, sin juzgar, sin planear, sin darle tiempo al inconsciente de hacernos una zancadilla.

No se trata de hacer escritura ‘automática’, sino de más bien desconectar todos los mecanismos de autocrítica. Escriba lo primero que se le ocurra, sin importar lo ridículo, descabellado, incoherente o incendiario que pueda parecerle al principio. Su escritura inicial no será la misma que llegue a ver la luz más adelante, sino una forma de decirle al inconsciente “¡ponte ya a trabajar!” Siempre habrá tiempo luego para organizar las ideas; eliminar palabras, frases, párrafos; añadir argumentos y ejemplos faltantes; pulir un diálogo. Pero eso sí, nada de eso podrá hacerlo mientras no tenga algo ya escrito para trabajar.

¿Qué pasa si no tiene un tema para escribir? Este ejercicio es más fácil si ya tiene una idea general de aquello que desea explorar. Pero si no la tiene, simplemente no se preocupe y escriba lo primero que se le venga a la cabeza, sin importar si se trata de una lista de compras, alguna tarea pendiente, su programa favorito de televisión… Lo importante es ejercitar el músculo creativo. Una vez rompa el bloqueo psicológico y empiece a escribir, existen buenas posibilidades de encontrar un tema sobre la marcha, pero lo primero es echarse a andar.

¿Qué pasa si se queda atascado? La idea es escribir sin parar, sin detenerse a pensar mucho, sin juzgar. Nos quedamos atascados cuando tratamos de escribir algo específico –con buena ortografía, puntuación y gramática– que alguien pueda leer. Es decir, estamos ya juzgando lo escrito, no le estamos dando una oportunidad. ¡Pero en este ejercicio olvídese de eso! Escriba tan rápido como pueda, ya sea con lápiz, pluma o teclado, sin revisar, sin casi poner atención al resultado. Algo que a veces me sirve es de hecho cerrar los ojos y, habida destreza en mecanografía, imaginar una escena o lugar muy vívidamente, y comenzar a escribir pero sin abrir los ojos para corregir errores, ya luego habrá tiempo para eso.

Ya escribí por diez minutos, ¿ahora qué? Ahora es el momento para tomar un marcador brillante y leer con cuidado el fragmento. No vamos a hacer corrección de estilo ni nada similar; la verdad, ese pequeño texto no será –excepto en raros casos– algo que podamos utilizar en sí mismo, al menos no en ese estado. En vez de eso, vamos a buscar entre los renglones algo interesante, alguna palabra, frase o idea que logre atrapar nuestra atención. Resaltaremos todo esto y lo utilizaremos para construir un tema más concreto y específico en fase de reescritura, esta vez haciendo todas las pausas y reflexiones necesarias.

La escritura libre es un medio de romper los bloqueos psicológicos que nos impiden comenzar a escribir, pero una vez roto el bloqueo casi siempre las palabras empezarán a fluir con mayor facilidad. Además, sirve para estimular la creatividad y atrapar ideas al vuelo. Demuéstrele a su inconsciente quién manda y en poco tiempo empezará a ver los resultados.

¡Feliz escritura!

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