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Trama, Argumento y Estructura

2014/09/01

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Existe cierta confusión de significado y alcance entre estos tres conceptos. La diferencia suele aparecer difusa, al punto en que muchas personas los utilizan indistintamente. Por ello veamos cada uno, según el resultado de muchos desvelos intentando armar las piezas bajo la guía de diccionarios, manuales de escritura creativa y mi propia ingenuidad.

Trama

La trama es el conjunto básico de elementos sobre los que se construye una historia y la relación que estos elementos guardan entre sí. Dichos elementos básicos son: personajes, acciones, motivaciones, ambientación y eventos. Otra forma de verla es como la respuesta a las interrogantes: ¿quién?, ¿qué? ¿por qué?, ¿dónde?, ¿cuándo? y ¿cómo? Podemos considerarla como la síntesis mínima de una obra escrita, aquello de lo que se trata la historia.

El elemento clave de la trama es la relación de causa y efecto combinada con la motivación o móvil de los personajes para tomar un curso de acción determinado. En ese sentido, sería la respuesta a la pregunta “¿por qué?”. En otras palabras, no es lo mismo una sucesión de eventos que una relación entre estos eventos, y en esto se diferencia del argumento y la sinopsis.

Por poner un ejemplo, La cenicienta podría expresarse así: “Una bella jóven tiene una vida miserable, pero se mantiene pura y buena. Un día su hada madrina la premia con la oportunidad de ir a un baile en el palacio real. Ahí conoce a un apuesto príncipe que se enamora de ella tanto por su belleza como por su virtud. Aunque a la media noche desaparece el encantamiento del hada, el príncipe la busca y encuentra, se casan y viven felices para siempre”. Lo esencial no es la simple enumeración de eventos, sino la relación entre ellos. ¿Por qué el príncipe se enamora de ella? Porque es virtuosa, a diferencia de sus malvadas hermanastras que también son bellas, pero además son superficiales y vanidosas. Sin esa relación no sería más que un listado de eventos. Con ella las distintas piezas se hilan en un todo coherente, en una historia.

La palabra trama es una metáfora tomada de la industria textil; es el conjunto de hilos paralelos que se entretejen con la urdimbre para hacer la tela. Podemos hablar de cada uno de los elementos anteriores como los hilos individuales de la trama, que el escritor entreteje en un órden particular y donde se evidencia la relación entre ellos para darles coherencia y dirección.

No todas las hitorias poseen trama.

 

Argumento

El argumento es un resumen de los eventos principales en una obra. La palabra clave aquí es resumen, ya que es literalmente una síntesis de los contenidos de un libro y hace tiempo solía aparecer al principio de estos, o de cada capítulo. Tal es el caso de la novela La ladrona de libros, en la cual cada sección abre con un breve listado de los puntos principales que se van a tratar en ella además del título propiamente dicho.

Toda obra escrita necesariamente es susceptible de tener un argumento (basta con que alguien enumere los principales puntos en ella), pero no todas poseen una trama completa o articulada. Más aun, los textos académicos y de no-ficción en general del todo no poseen trama, mientras que sí suelen contar con una argumentación clara y una estructura bien definida.

Un argumento puede llegar a ser terriblemente minimalista, hasta el punto de no decirnos prácticamente nada sobre la propia obra: “Ana Frank era una niña judía que escribió un diario sobre su vida durante la persecusión en la Alemania nazi.” ¿Qué vivió en esos años? ¿Cuáles fueron sus experiencias? El argumento puede quedarse muy corto, y por lo general es mejor que así sea, pues de lo contrario podría arruinarnos sorpresas clave de la historia. Es casi idéntico a la sinopsis que se hace de las películas, con la excepción de que esta última se realiza específicamente con fines publicitarios y nunca cuenta el final.

Esto nos lleva a otra diferencia con la trama: el argumento está hecho para ser leído antes que la obra, mientras que la trama es más bien una ayuda para el autor a la hora de escribir.

 

Estructura 

Es la distribución básica de los elementos de la narración propiamente. En este sentido se diferencia de la trama en que no es lo mismo lo que está detrás de la historia que la forma en que se presentan los elementos al lector. Por ejemplo, la trama suele ser lineal, a tener un orden lógico, cronológico, por importancia, etc., mientras que la estructura no necesariamente va a serlo, y puede presentar los eventos en un orden distinto de como ocurrieron, como en la película Memento, en que los eventos se cuentan al revés de como ocurrieron.

La estructura, sin embargo, abarca mucho más. La cantidad y tamaño de los capítulos, si tendrá secciones amplias, la proporción de exposición, acción y diálogos, y otro buen número de características relativas a la forma exterior pueden considerarse como partes estructurales.

En la tradición occidental, desde Aristóteles hasta la actualidad, la estructura mínima de un texto siempre tendrá tres partes básicas: planteamiento, desarrollo y resolución. Suelen estar acompañados de otras piezas más pequeñas pero no menos importantes, como son los nudos y el clímax. Algunas personas consideran que una historia que no siga estas pautas básicas es una historia sin trama, y quienes reniegan del ‘formulismo’ suelen intentar este tipo de obras.

La palabra nos viene del contexto arquitectónico y designa dos ideas generales. Primero, es la distribución de los elementos del edificio: el orden, el tamaño, la ubicación y su relación entre unos y otros. Segundo, la armazón sólida que sirve de sustento a dicho edificio.

En términos generales, podemos decir que la trama y la estructura se combinan para servir de marco dentro del cual habrá de tejerse la redacción propia de la obra, como los hilos de colores en un gobelino se tejen sobre una tela base que, al final, quedará totalmente oculta, pero sin la cual la pieza se desmoronaría. El argumento es, por otro lado, más utilitario: informa al lector sobre el contenido y le invita a seguir leyendo.

¡Feliz escritura!

 

Artículo relacionado: El argumento y otras palabras espinosas

Reseña – La poética de Aristóteles

2012/04/12

Platón y Aristóteles, detalle de "La escuela de Atenas", por Raphael Sanzio

Todo autor de escritura creativa que se respete llega, tarde o temprano, a citar entre los fundamentos de la escritura occidental a la Poética (o arte de la composición dramática) del griego Aristóteles.

Algunos alaban la lucidez de esta obra escrita hace poco más de dos mil años; otros repudian su visión primitiva, seguros de que todo lo dicho ahí ya se encuentra superado con creces por los modernos teóricos. También están quienes pretenden citarlo y fundamentar con la autoridad del filósofo sus propios argumentos, aun cuando el griego no dijera nunca nada parecido. En fin, son muchos quienes citan, y pocos los que realmente han leído esta obra.

Digamos simplemente que Aristóteles fue un pensador muy reconocido en su tiempo, quien dedicó su vida al aprendizaje y la enseñanza, primero de mano de Platón y otros maestros de la Academia de Atenas, luego dando clases particulares a príncipes y gobernantes, como a Alejandro Magno, hasta fundar, finalmente, el Liceo de Atenas. Escribió gran cantidad de textos, algunos como discursos públicos (ahora casi todos perdidos), y otros cuantos como notas privadas de clase, que son precisamente de los pocos supervivientes hasta nuestros días.

En ese sentido, la Poética resulta con frecuencia obscura y difícil de interpretar, pues carece de muchas explicaciones dadas por el maestro verbalmente a sus alumnos, pero nunca registradas por escrito.

Existen muchas versiones de la Poética, pero la mejor en castellano es, hasta el momento, la del ilustre traductor (y filólogo) Valentín García Yebra. Recomiendo en particular la edición trilingüe Griego-Latín-Castellano publicada por Gredos en 1974, por contar con copiosas notas aclaratorias y una excelente introducción, además de interesantísimos apéndices con comentarios sobre temas específicos, como la catarsis o la tragedia; el fabuloso índice analítico que acompaña esta edición resulta, sencillamente, invaluable. Eso sí, es posible saltar directamente al texto propio y olvidarse de los añadidos académicos si se prefiere una lectura rápida.

La Poética es un tratado sobre el arte y técnica de la creación de obras “literarias”, tomando en cuenta, eso sí, que la mayoría estaban destinadas a su interpretación en un escenario, no para ser leídas de un pergamino. Dicen las primeras líneas:

“Hablemos de la poética en sí y de sus especies, de la potencia propia de cada una, y de cómo es preciso construir las fábulas (historias) si se quiere que la composición poética resulte bien, y asimismo del número y naturaleza de sus partes (…)”

Es en esta obra que se definen en términos generales los principales géneros dramáticos de la época, nos ofrece una teoría del origen de la poesía, y pasa luego a dedicarse por entero a la tragedia, dejando para otro volumen, lamentablemente perdido, lo referente al género cómico.

Buena parte de la teoría moderna de los elementos de la escritura creativa se basa de alguna forma en los escritos de Aristóteles. Conceptos como estructura, caracterización, lenguaje poético, exposición, etcétera se recogen originalmente en este texto para ser desarrollados luego por incontables autores a través de los siglos. En ese sentido, podemos considerar la Poética como el primer manual de escritura creativa en la historia.

Quienes nos interesamos por aprender sobre esto que llamamos escritura, en especial sobre la ficción, podemos hallar en Aristóteles un buen número de ideas fundamentales, incluyendo algunas que en la actualidad ya no se trabajan o han cambiado hasta volverse casi irreconocibles, como los conceptos de agnición, catarsis o melopeya, así como el origen de otros más conocidos, como trama, estructura, nudo y desenlace.

Aunque los escolásticos y otros pensadores de antaño llegaron a tomarse esta obra con tanta seriedad como para considerarla prescriptiva, es evidente que en la actualidad debemos cuidarnos de no seguir ciegamente sus recomendaciones. Son el producto de su época y cultura, pero pueden llegar a enseñarnos bastante acerca del origen de este arte.

No se deje abrumar por el lenguaje arcaico ni las diferentes traducciones e interpretaciones de algunos términos. Vale la pena leer y reflexionar cada una de sus líneas, tomando con ojo crítico aquello que pueda enriquecer ese saco de trucos que llamamos nuestro oficio.

¡Feliz escritura!
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