Archive for the 'Tono, estilo y punto de vista' Category

Lea su texto en voz alta

2012/07/04

De todos los consejos que podemos escuchar en nuestro oficio de las letras, este es posiblemente uno de los más prácticos.

En primer lugar, leer en voz alta nos ayuda a revisar el texto, encontrar erratas y otros errores técnicos –gramaticales, de puntuación– ocultos hasta el momento de escuchar nuestras palabras con los oídos y no solo con la mente.

También ayuda a refinar nuestro estilo narrativo. Escuchar atentamente nos permitirá cortar oraciones demasiado largas, cambiar de tono y ritmo cuando un pasaje se ha vuelto monótono. Con solo la primera lectura de este párrafo pude, por ejemplo, eliminar una repetición innecesaria y una redundancia. ¡Ni qué decir de cacofonías, queísmos y tantos otros vicios!

Los diálogos pueden beneficiarse mucho si comparamos nuestras creaciones con la forma natural de comunicarse entre personas: la conversación. Evitaremos así utilizar nombres propios demasiado a menudo con nuestro único interlocutor, o una actitud demasiado informal entre personas distantes. Aquí resulta maravilloso escuchar conversaciones ajenas en sitios públicos; también puede ayudar un poco de actuación, y si es posible, que el diálogo sea repartido entre dos o más lectores.

Y hablando de otras personas, también sirve escuchar a alguien más leer nuestro texto. Eso nos permitirá determinar formas como nuestros lectores interpretarán esas palabras que tanto hemos trabajado.

Recordemos que la ficción se trata, en esencia, de contar historias. Antes de la escritura estaba la narración oral, con toda la magia de la entonación, la gestualidad y el lenguaje corporal del experto cuentista.

Cuando lea en voz alta imagínese estarle contando una historia a su público ideal. ¿Cómo reaccionan ante cada pasaje? ¿Qué clase de inflexiones, cambios de tono y ritmo necesita para mantener a sus oyentes pegados al asiento y con los ojos bien abiertos, absortos en la historia? ¡Asegúrese de que su texto se pueda leer como se lee un cuento a un niño antes de dormir! (Recuerde: si el cuento es realmente bueno, el niño no se quedará dormido.)

Podemos inclusive ir un paso más allá y, de hecho, leerle nuestra historia a alguien más. Nuestra atención debe centrarse en particular sobre transmitir imágenes vívidas y emociones claramente definidas. Observe las reacciones de sus oyentes, tome nota de los pasajes en que no logran mantener la atención, o por el contrario, cuando demuestran justamente aquellas emociones sugeridas en el texto.

Pero aun si no tiene a nadie a quien leer, recuerde que somos nuestro primer público, nuestro primer lector. La mayoría de las veces basta con leer en voz alta para darnos cuenta de muchos aspectos mejorables.

Luego de algún tiempo se pillará murmurando cada palabra conforme la va escribiendo. Me pasa todo el tiempo, y me alegro por ello.

Haga el intento. Luego compare y lea también en voz alta algún pasaje de su autor favorito. Verá cuán útil le resulta.

¡Feliz escritura!

Consejos para aclarar ideas difíciles

2011/12/07

De los muchos inconvenientes que podemos enfrentar en este arduo oficio de las letras, uno bastante molesto es tratar de explicar algún punto abstracto o idea confusa sin por ello recurrir a incontables notas al pie, diagramas, conversaciones inverosímiles o largos pasajes expositivos, pues todo ello nos asegura perder en poco tiempo la atención y complicidad de nuestros lectores.

He aquí algunas recomendaciones sencillas para aclarar ideas complicadas en relativamente poco tiempo. Utilice cada una por separado o en conjunto, y no dude en agregar sus propias estrategias para llevar luz a un pasaje algo oscuro.

Lenguaje en común. Trate de evitar los términos técnicos o la jerga profesional en la medida de lo posible, a menos de tener plena seguridad de que el público ya conoce dicho término. Una forma de lograr esto es introducir la palabra o concepto algún tiempo antes de su uso en la explicación. Si por ejemplo es crucial que en determinado punto de su texto se utilice el concepto de relatividad para explicar la teoría del espaciotiempo de Einstein, asegúrese de preparar al lector con antelación, tal vez una o dos secciones antes, trabajando primero la relatividad por separado y sin exigir otros conomimientos previos. Es decir, construya primero un lenguaje compartido con los lectores, y sobre esta base vaya armando el andamiaje de ideas piso por piso.

El valor de una metáfora. ¿Cómo le explicamos a un niño pequeño lo que es la muerte? Pues mucha gente recurre a comparaciones con otros eventos o experiencias que el niño conozca, para luego añadir un poco más de detalle. “Mami está dormida, y ya no se puede volver a despertar.” De la misma forma, el uso de comparaciones, símiles, metáforas, alegorías y símbolos (siempre y cuando resulten fáciles de comprender en sí mismos) puede ayudar al esclarecimiento del tema sin desviar demasiado la atención del lector. Eso sí, cuídese de no sonar condescenciente ni de subestimar intelectualmente a su audiencia.

La ignorancia es bendición. Nunca ponga a dos personajes a darse explicaciones mutuamente sobre un asunto que ambos dominan. Imagínese escuchar una conversación entre dos abogadas, y que una le diga a la otra “Como ya sabes, el derecho de hábeas corpus consiste en que nadie puede ser privado de libertad sin que se formule una acusación en su contra”. Esto resulta inverosímil simplemente porque en la vida real la gente da por un hecho aquello que los demás ya saben. En cambio, ponga al experto a explicar el concepto a una persona que de ningún modo podría saber ni jota al respecto. Muchos autores reconocidos cuentan la historia desde el punto de vista del personaje que menos sabe, precisamente para que en su descubrir el mundo o las situaciones, también los lectores puedan hacerlo de forma natural.

No lo cuente, ¡muéstrelo! Esta es tal vez la regla más famosa de la escritura creativa, y por buenos motivos. Las abstracciones y explicaciones teóricas son difíciles de asimilar debido a que el cerebro piensa principalmente en imágenes, no en palabras. La mente siempre hace un esfuerzo por utilizar imágenes concretas y concatenarlas en un orden lógico a fin de poder retener los conceptos que representan. ¿Qué es más fácil de recordar, una larga explicación sobre la teoría de la fuerza mecánica, o una demostración con pesos y palancas? Ayudemos a nuestros lectores proporcionando imágenes definidas y concretas que permitan por una parte retener la explicación, y por otra, hacerla amena o inclusive ayudar a eliminarla por completo.

Seguramente a usted se le ocurrirán otras muchas formas de explicar sin aburrir. ¿Qué le parece si nos comparte alguna?

¡Feliz escritura!

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