Archive for the 'Literatura' Category

Recomendación: La guerra del borde interno

2012/07/09

El día de hoy me salgo un poco de la tónica general del blog para recomendarles el primer libro de un buen amigo.

Se trata de una serie de ciencia ficción titulada La guerra del borde interno, de Carlos Molina, y su primera entrega, Las 30 colonias del nodo 350.

La historia se desarrolla en un sector lejano de la galaxia, muchos siglos en el futuro, donde la humanidad enfrenta una encarnizada guerra. Esta es la sinopsis en Amazon:

En un distante futuro, fuera de nuestro sector y de nuestro tiempo, la humanidad enfrenta su más grande desafío al quedar atrapada en el conflicto genocida del sector 446, uno que no es suyo y que tampoco desea.

Sea para el Dominio For’Arms, para el que los humanos solo cuentan al morir, o para el Reino Irezumi, que desean usarlos como escudo en su guerra de independencia, la lucha por la vida y la muerte se desatará con furia y brutalidad durante los siguientes días, donde el ganador decidirá el destino final de las Treinta Colonias del Nodo 350.

La historia da inicio con un prólogo que relata cómo se origina el conflicto, con los eventos que llevan a la declaratoria de independencia del Reino Irezumi. Se relata desde el punto de vista de dos personajes: Sohoirna, reina de las irezumis (una raza compuesta exclusivamente por mujeres), y la almirante Anne Marie Deveraux, quien juega un importante papel en la proclama de independencia.

Luego de esta introducción general a lo que será la guerra del borde interno da inicio la historia principal de este volumen: El incidente de las 30 colonias del Nodo 350. Aquí vemos las torpes maquinaciones de un príncipe alienígena, S’Taren de los For’Arms, y cómo su impulsividad da pie al exterminio de varias colonias. Mientras tanto, la general Myoko Nasegawa y la joven capitana Motoko Kibi-Lee muestran el otro lado del conflicto, desde la perspectiva de la flota independentista.

Por lo que me cuenta el autor, la historia va para largo (más de mil setecientas páginas ya escritas), y los lectores no tendrán que esperar años para cada nueva entrega: la próxima ya está en etapa de revisión y será publicada dentro de algunos meses.

Con La guerra del borde interno se inaugura la primera saga de ciencia ficción de un autor costarricense (anteriormente en nuestro territorio se han publicado únicamente cuentos y, según entiendo, una novela de este género).

Por el momento solo está disponible en formato electrónico para el Kindle de Amazon, pero se espera al menos una edición limitada en papel a mediano plazo. La edición en Kindle, dicho sea de paso, puede ser leída en casi cualquier aparato electrónico, gracias a la gran cantidad de aplicaciones disponibles; es decir, no es necesario poseer el lector de Amazon para disfrutar de este relato.

También existe un blog y una página de Facebook para enterarse de más detalles sobre la historia, noticias y mucho más. Estas son las páginas mencionadas:

Las 30 Colonias del Nodo 350 (Amazon.com)
La Guerra del Borde Interno (Blog)
La Guerra del Borde Interno (Facebook)

Esta es la primera publicación de Carlos Molina, informático y amante tanto del animé japonés como de la historia militar. En su obra se pueden distinguir ecos de la primera y segunda guerra mundiales, pero también de conflictos latinoamericanos y hasta del período feudal del Japón.

Se los recomiendo y espero que pasen la voz.

¡Feliz lectura!

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Atrapar al lector desde la primera oración

2012/06/29

¿Alguna vez se ha preguntado por qué tantos libros mediocres se venden tan bien? Pues posiblemente tuvieron un muy buen inicio.

Dicen que la primera impresión es la que cuenta. Una mala primera impresión en, por ejemplo, una entrevista laboral, puede hacernos la vida más difícil y cerrarnos la puerta al nuevo empleo aunque estemos cualificados.

Lo mismo ocurre en ficción: al evaluar un nuevo libro, la gran mayoría de lectores (incluyendo agentes y editores profesionales) lo primero que hacen luego de revisar la sinopsis es leer las líneas de apertura. Si esas poquísimas palabras producen un impacto negativo la obra entera quedará relegada a la estantería (o peor, la pila de rechazos), sin importar cuán valioso pueda ser el resto.

Si la obra es mala no habrá quien la salve, pero muchas obras de mediana calidad sí logran venderse gracias a una buena premisa general y un inicio impactante. Por el contrario, obras realmente buenas pero con inicios débiles han quedado prácticamente en el olvido por su incapacidad de atraer lectores. Por ello es necesario esforzarnos siempre por enganchar a nuestro público desde el inicio. Pero, ¿cómo logramos esa apertura genial?

La oración inicial debe cumplir tres tareas fundamentales: decirnos de qué trata la historia; establecer la atmósfera general de la obra, e introducir al personaje principal. Si cualquiera de ellas falta estaremos automáticamente en problemas, y aunque muchos lectores son capaces de mantener la atención por varios párrafos y hasta páginas, lo que no se logró a un principio difícilmente pueda compensarse más adelante. (La única excepción es con autores muy reconocidos, con suficientes lectores fieles como para asegurar las ventas a pesar de un inicio flojo.)

Tomemos por ejemplo la primera oración de Cien años de soledad: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Esta es tal vez la mejor apertura de una novela latinoamericana, y cumple a cabalidad los tres propósitos recién mencionados. Sabemos que la historia habrá de girar, por lo menos durante un buen tramo, alrededor de cómo y por qué el coronel va a ser fusilado. De inmediato se introduce al protagonista, y es desde su punto de vista que se habrá de contar la primera mitad de la novela. Finalmente, hay una atmósfera tensa y cargada de muchas posibilidades. ¡De inmediato dan ganas de saber más!

Otras aperturas magistrales:

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor” (El valeroso hidalgo Don Quijote de la Mancha). Aquí se introduce aun personaje verdaderamente memorable. La trama no importa, es Don Quijote quien nos engancha desde el inicio.

“Ser o no ser, ese es el dilema” (Hamlet). De inmediato sabemos que la obra tendrá un fuerte componente reflexivo sobre la vida y la muerte.

“En un agujero en el suelo vivía un hobbit” (El hobbit). Aquí viene la pregunta obligada: ¿qué rayos es un hobbit? Simple, pero tremendamente eficaz.

Y acaso la mejor de todas: “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto” (La metamorfosis). ¡Cómo no seguir leyendo ante semejante gancho!

Eso sí, luego de un inicio deslumbrante debe seguir necesariamente un desarrollo a la altura, pero si esa primera oración logra sus tres cometidos, allanará el camino al resto.

Le recomiendo buscar sus obras favoritas y estudiar con atención las frases y oraciones iniciales. Su público notará la diferencia.

 

¿Cuál es su oración de apertura favorita? ¿Por qué?

¡Feliz escritura!

 

Asistir a festivales

2012/04/18

En estos días se celebra en mi país la XI edición del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, organizado por la Fundación Casa de Poesía.

Es un evento modesto si lo comparamos con otras actividades internacionales, pero en el ámbito poético es tamaña cosa. Al público en general le da la oportunidad de conocer poetas de todo el mundo (este año incluye invitados de Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Túnez, Gambia, India, Jordania, Japón, Chile, España, Guatemala, México, Nicaragua y por supuesto, Costa Rica).

Además, una característica del festival es la de publicar un pequeño poemario de cada invitado, traducido al castellano si la lengua original fuera otra, de modo que se abre la posibilidad de entrar en contacto más profundo con obras de otra manera imposibles de conseguir en estas geografías.

Anoche pude disfrutar de una presentación de casi todos los poetas invitados, en compañía de mi pareja y rodeados de un escuálido público. Fue una oportunidad estupenda para conocer no solo la poesía misma, sino a sus autores, sus lenguas tan distintas, las ideologías, puntos de vista, en fin, la pluralidad de esta forma artística tan poco apreciada en nuestros tiempos.

También me permitió comparar todo lo que se pierde en la traducción. Por poner un ejemplo, cuando aquí el poeta Adam Fathi entonaba con su melodioso acento tunecino, gesticulando como un abuelo que le cuenta un cuento a sus nietos, expresando emociones profundas y sin exageración en esa lengua árabe tan aérea y distante, tan viva, allá un lector recitaba luego el mismo poema, traducido a nuestra lengua, despojado de insinuaciones y matices vibrantes, reducido a palabras secas. Y aun así el poema no murió; mi recuerdo del poeta contador de historias fue más poderoso, y podré retenerlo, revivirlo cuando relea esos versos en el pequeño ejemplar adquirido a la salida del teatro.

Pero la experiencia no termina ahí.

Luego de eventos como este muchas veces es posible compartir con los propios invitados, conversar unos minutos, y hasta intercambiar información de contacto si fuera del caso. Resultó evidente que la mayoría de los propios invitados, sino todos, hizo esto desde un principio, como también era obvio que se habían formado lazos de amistad perdurable más allá del festival.

Empaparse de nuevas voces resulta siempre como un bálsamo para la creatividad desgastada. Apenas tuve oportunidad comencé a escribir, y aunque no puedo presumir del resultado, al menos me siento lo suficientemente satisfecho de haber alimentado por un rato mi vena poética (y si uno es como yo, estos espacios son casi indispensables para mantener el vínculo).

Decía Ray Bradbury que el único motivo por el cual se puede agotar la creatividad es por desnutrición, por falta de estímulo de otras lecturas, de música, de teatro, de ingenio. En este sentido concuerdo plenamente, pues el simple contacto con estos poetas me ha llenado un vacío que hasta entonces no había acertado a reconocer.

Si se encuentra en Costa Rica, o si en su propia región existe algún espacio similar, le aconsejo que no deje pasar la oportunidad de asistir.

 

¡Feliz escritura!

 

Reseña – La poética de Aristóteles

2012/04/12

Platón y Aristóteles, detalle de "La escuela de Atenas", por Raphael Sanzio

Todo autor de escritura creativa que se respete llega, tarde o temprano, a citar entre los fundamentos de la escritura occidental a la Poética (o arte de la composición dramática) del griego Aristóteles.

Algunos alaban la lucidez de esta obra escrita hace poco más de dos mil años; otros repudian su visión primitiva, seguros de que todo lo dicho ahí ya se encuentra superado con creces por los modernos teóricos. También están quienes pretenden citarlo y fundamentar con la autoridad del filósofo sus propios argumentos, aun cuando el griego no dijera nunca nada parecido. En fin, son muchos quienes citan, y pocos los que realmente han leído esta obra.

Digamos simplemente que Aristóteles fue un pensador muy reconocido en su tiempo, quien dedicó su vida al aprendizaje y la enseñanza, primero de mano de Platón y otros maestros de la Academia de Atenas, luego dando clases particulares a príncipes y gobernantes, como a Alejandro Magno, hasta fundar, finalmente, el Liceo de Atenas. Escribió gran cantidad de textos, algunos como discursos públicos (ahora casi todos perdidos), y otros cuantos como notas privadas de clase, que son precisamente de los pocos supervivientes hasta nuestros días.

En ese sentido, la Poética resulta con frecuencia obscura y difícil de interpretar, pues carece de muchas explicaciones dadas por el maestro verbalmente a sus alumnos, pero nunca registradas por escrito.

Existen muchas versiones de la Poética, pero la mejor en castellano es, hasta el momento, la del ilustre traductor (y filólogo) Valentín García Yebra. Recomiendo en particular la edición trilingüe Griego-Latín-Castellano publicada por Gredos en 1974, por contar con copiosas notas aclaratorias y una excelente introducción, además de interesantísimos apéndices con comentarios sobre temas específicos, como la catarsis o la tragedia; el fabuloso índice analítico que acompaña esta edición resulta, sencillamente, invaluable. Eso sí, es posible saltar directamente al texto propio y olvidarse de los añadidos académicos si se prefiere una lectura rápida.

La Poética es un tratado sobre el arte y técnica de la creación de obras “literarias”, tomando en cuenta, eso sí, que la mayoría estaban destinadas a su interpretación en un escenario, no para ser leídas de un pergamino. Dicen las primeras líneas:

“Hablemos de la poética en sí y de sus especies, de la potencia propia de cada una, y de cómo es preciso construir las fábulas (historias) si se quiere que la composición poética resulte bien, y asimismo del número y naturaleza de sus partes (…)”

Es en esta obra que se definen en términos generales los principales géneros dramáticos de la época, nos ofrece una teoría del origen de la poesía, y pasa luego a dedicarse por entero a la tragedia, dejando para otro volumen, lamentablemente perdido, lo referente al género cómico.

Buena parte de la teoría moderna de los elementos de la escritura creativa se basa de alguna forma en los escritos de Aristóteles. Conceptos como estructura, caracterización, lenguaje poético, exposición, etcétera se recogen originalmente en este texto para ser desarrollados luego por incontables autores a través de los siglos. En ese sentido, podemos considerar la Poética como el primer manual de escritura creativa en la historia.

Quienes nos interesamos por aprender sobre esto que llamamos escritura, en especial sobre la ficción, podemos hallar en Aristóteles un buen número de ideas fundamentales, incluyendo algunas que en la actualidad ya no se trabajan o han cambiado hasta volverse casi irreconocibles, como los conceptos de agnición, catarsis o melopeya, así como el origen de otros más conocidos, como trama, estructura, nudo y desenlace.

Aunque los escolásticos y otros pensadores de antaño llegaron a tomarse esta obra con tanta seriedad como para considerarla prescriptiva, es evidente que en la actualidad debemos cuidarnos de no seguir ciegamente sus recomendaciones. Son el producto de su época y cultura, pero pueden llegar a enseñarnos bastante acerca del origen de este arte.

No se deje abrumar por el lenguaje arcaico ni las diferentes traducciones e interpretaciones de algunos términos. Vale la pena leer y reflexionar cada una de sus líneas, tomando con ojo crítico aquello que pueda enriquecer ese saco de trucos que llamamos nuestro oficio.

¡Feliz escritura!
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