Archive for the 'La vida de escritor' Category

Nuestra obsesión

2012/03/28
Thomas Mann, 20 April 1937

Thomas Mann (Foto: Wikipedia)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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“Un escritor es alguien a quien escribir le resulta más difícil que a otras personas.” –Thomas Mann

 

¿Le parece contradictoria esta idea?

¡Por supuesto! Pero no por ello deja de tener algo de verdad.

Para la mayoría de la gente, escribir es una tarea cotidiana e insignificante, una más de tantas cosas utilitarias de las que debemos encargarnos: contestar correos electrónicos, enviar mensajes de texto, dejar un breve apunte pegado al refrigerador… Al redactarlos no suele prestárseles mucha atención, y a nadie (o casi nadie) le importa si la letra está algo ilegible, si hay errores de concordancia o de ortografía, ni siquiera si le falta puntuación. Lo que importa es hacerse entender, y para la mayoría eso es suficiente.

Un escritor debería, según el sentido común, haber desarrollado una facilidad de expresión suficiente como para ganarse el pan diario. Después de todo, escribir no tiene mucha ciencia, basta con mecanografiar rápido y tener alguna idea del asunto a tratar. Por lo menos eso piensan.

Pero no, esa no es la realidad de escritores o profesionales de las letras (traducción, filología, periodismo, edición, etcétera). Para nosotros cada palabra cuenta, y aun a riesgo de parecer obsesivos, podemos tardar muchísimo rato leyendo y releyendo cada renglón en busca de erratas, devanándonos los sesos en pos de la palabra precisa, pronunciando cada frase en voz alta para darnos una mejor idea del efecto que puede llegar a tener en nuestros lectores… y no me refiero solo a trabajos más serios, sino a todo lo que llegamos a poner en palabras; sí, inclusive los mensajes por teléfono.

¿Exagerado? ¡Para nada!

Y es que no se trata de esnobismo gramatical ni cosa semejante. La palabra bien escrita es nuestra pasión, sin importar el medio o la circunstancia.

 

Y a usted, ¿qué tanto le cuesta escribir?

 

NaNoWriMo: Recuperar la cordura

2011/12/15

Hoy es 15 de diciembre. La locura de NaNoWriMo terminó hace ya dos semanas, pero volver a una rutina diaria de escritura se ha tornado en una tarea sumamente difícil. Cada día me siento frente a la pantalla y, tras unos minutos contemplando su negrura, termino apretando el botón de encendido solo para dedicar todo mi tiempo creativo a procrastinar miserablemente.

No creo que se trate realmente del famoso ‘bloqueo’: curiosamente no me faltan ideas, y las ganas de escribir parecen muy reales mientras me preparo el desayuno. Pero es frente a la pantalla donde todo eso pareciera no valer nada. No se trata de problemas de motivación o creatividad; simplemente, mi cerebro está exhausto.

¿Suena conocido?

A todos nos pasa alguna vez, o hasta muchas dependiendo de nuestra actividad predilecta y con cuánta intensidad la pongamos en práctica. No importa si se trata de labores físicas como algún trabajo manual o hacer deporte, o si son más bien tareas mentales, como el estudio, la resolución de problemas o simplemente pasarse todo el día lidiando con clientes y compañeros de trabajo. Tarde o temprano deseamos tirar la metafórica toalla y darnos por vencidos, dejar todo atrás, alejarnos huyendo de todo cuanto nos agobia… En mi caso, el exeso de escritura en noviembre me ha hecho perder incontables horas frente a toda clase de pantallas, haciendo cualquier cosa menos continuar con mis proyectos literarios.

Tampoco soy el único. Luego de revisar foros y comentarios de otros participantes, pareciera tratarse de un mal generalizado. Diciembre es para esta maratón creativa como la resaca al día siguiente de una borrachera. Nuestra mente necesita descanso, pero también desintoxicarse de tantas palabras, tantas ideas al vuelo, noches en vilo y tensión por llegar a la meta.

¿La solución?

A veces basta con darle tiempo a las cosas, dejarlas que vuelvan por sí mismas al cauce normal. Entender la situación y aceptarla sin culpabilizarse también puede ser de gran ayuda. Después de todo, el agotamiento ocurre tras un esfuerzo tremendo, un esfuerzo que nos hace más fuertes, más capacitados para la próxima vez. Este hiato es pasajero; la experiencia obtenida nos quedará para el resto de nuestra existencia. Parece un intercambio bastante favorable.

Entre tanto el cine, la comida chatarra, las distracciones de todo tipo, buena compañía, un libro que nos mantenga despiertos hasta la madrugada… todo ello contribuirá a que recobremos prontamente la cordura.

¡Feliz descanso!

El escritor no nace, se hace

2011/11/23

Existe la opinión generalizada según la cual escribir es algo que ya se trae, algo innato. Según esta visión de mundo, los talentos y capacidades son producto de la suerte, del destino, de los genes. Si alguien es muy hábil (o por el contrario, posee alguna debilidad particular) esto se debe a factores enteramente fuera de su control. Pero esta visión fatalista no es más que una muleta, una excusa para no atreverse, para no sentirse culpable si se llega a fracasar en la obtención de una meta.

Muchos aspirantes a escritores han aceptado consciente o inconscientemente esta idea dañina y, como resultado, algunos iniciales intentos fallidos o de relativamente baja calidad bastaron para desmotivarlos. Son comunes frases como “yo no sirvo para esto” o “no tengo talento”. El problema se agrava cuando un escritor novato compara sus primeros trabajos con los de algún profesional o, peor, con los de alguno de los grandes nombres de la literatura universal. Recuerdo perfectamente lidiar con ese mismo problema hace años, cuando intenté comparar mis incipientes poemas con algunos de Neruda y Darío. Tal fue mi desilusión que preferí hacer el intento con narrativa antes de seguir “perdiendo el tiempo”. No abandoné completamente la escritura, pero estuve muy cerca.

Este descontento inicial con mis propios trabajos no fue totalmente inútil: luego de algunos años me permitió entender que es necesario reconocer nuestras limitaciones, no para darse por vencido sino para buscar la forma de superarlas. Para ese momento ya había abandonado mis aspiraciones literarias y me encontraba estudiando inglés como segunda lengua a fin de dedicarme a una profesión “de verdad”. Pero fue precisamente en el aula, analizando obras clásicas tanto de poesía como de cuento y novela, que recuperé el gusto por la escritura. En los cursos de redacción española primero, e inglesa después, tuve contacto con manuales diseñados para aprender las bases de la escritura académica (el ensayo en diversos formatos), y esto me abrió los ojos: la gente sí puede aprender a escribir, aun cuando a la mayoría nos cueste en un principio.

La idea subyacente es más o menos simple: la escritura es una destreza como hablar o caminar y al principio no podemos hacerlo bien, sino que nos vemos forzados a arrastrarnos o balbucear incoherencias. ¿Cómo pasamos desde ese punto al de ser capaces de redactar y escribir con corrección y calidad? Muy sencillo: práctica, práctica y más práctica. A fuerza de tanto arrastrarnos aprendemos a gatear, a agarrarnos de algo y ponernos en pie; damos pasos tambaleantes, nos caemos, puede que a ratos nos gane la frustración, pero tarde o temprano logramos sostenernos y dar varios pasos. Sin darnos cuenta hemos aprendido a caminar, correr, saltar, dar vueltas de carreta, y algunos hasta lo convierten en su profesión como atletas de tiempo completo. ¡En el campo de las letras ocurre lo mismo!

Claro, las caídas y los tumbos de ciego son parte del proceso; lo importante es no darse por vencido. Recordemos que, sin excepción, los grandes escritores también aprendieron a leer y escribir una palabra a la vez. La diferencia con otras personas estuvo, en gran medida, en la motivación para seguir haciéndolo más allá de los requisitos escolares. Es decir, lo hicieron por gusto hasta que ambos, lectura y escritura, se convirtieron en parte de su identidad. No se dejaron vencer por las dificultades y las tempranas decepciones, porque estaban convencidos de su capacidad para decir algo valioso a través de sus palabras.

Eso sí, existen algunos atajos y herramientas para hacernos la vida más fácil en este proceso constante de aprendizaje. Como nadie aquí pretende inventar el agua tibia, siempre es útil y provechoso buscar a alguien más adelantado en este camino y pedirle ayuda. Antes mencionaba los manuales de redacción académica, pero además de esos también hay publicaciones específicas para escritores como libros y revistas sobre escritura creativa, además de talleres, cursos y en algunos países hasta carreras universitarias completas. Literalmente, miles de personas en todo el mundo han convertido su pasión por la escritura en una profesión real y bien remunerada gracias a que tuvieron el empeño para seguir intentándolo y las herramientas para refinar sus destrezas.

Busquemos en lo profundo de nuestra psique y desterremos esas ideas negativas sobre la escritura, incluyendo cualquier origen divino o sobrenatural de las capacidades y talentos. Recordemos que nuestra escritura de hoy, con todas sus imperfecciones y fallos, es la base sólida para trabajos futuros, y démonos permiso para cometer errores, pero sin olvidarnos de buscar siempre maneras de corregirlos. Convenzámonos pues, con la práctica diaria, de que el escritor no nace, se hace.

¡Feliz escritura!

NaNoWriMo 2011, día 14

2011/11/14

Este mes por segunda vez participo en el más famoso reto anual de escritura creativa: el mes nacional de la escritura de novelas. Para todos aquellos escritores y escritoras que no han oído aun hablar de NaNoWriMo, o el national novel writing month, puedo decirles que se trata de una completa locura. Treinta días seguidos, desde el primero hasta el treinta de noviembre de cada año, en que participantes de todo el mundo se proponen el reto de escribir una novela completa de principio a fin. No se trata de una iniciativa gubernamental de fomento a la literatura, ni existe alguna clase de premio o incentivo más allá de la satisfacción de haberlo intentado y, para algunas personas, alcanzar la meta.

Eso sí, tiene sus reglas: el proyecto debe tener, al final, un mínimo de 50.000 palabras, no se puede escribir propiamente nada antes del primero de noviembre excepto puro planeamiento, y la obra debe poder catalogarse como novela, no ensayo, memoria ni cuento. Claro, tampoco es tan rígido el asunto: si uno ve que su plan de novela va para más de 50.000 palabras puede seguir escribiendo más allá de la fecha límite, siempre y cuando la cantidad mínima sí se alcance en el mes establecido; tampoco se pretende que resulte de todo esto una novela lista así no más para ser publicada, sino un primer borrador el cual tenemos toda libertad de revisar, corregir y modificar a gusto una vez transcurrido el plazo.

¿Es posible lograr semejante reto?
Pues sí, siempre y cuando se mantenga la meta diaria de al menos 1667 palabras. Son muchísimas las personas que alcanzan el objetivo cada año, y de estas una buena parte son estudiantes universitarios o trabajadores de tiempo completo. Es decir, no solo es posible, sino además, posible en los ratos libres del día sin necesidad de ocuparse de lleno en ello. Interesante, ¿no es verdad? Hay quienes alcanzan la meta el último día, pero también unos pocos ya para medio mes –y hasta antes– han llegado a la meta y siguen escribiendo. También están todos los fracasos: la falta de planeamiento, una idea demasiado general y dispersa, exceso de procrastinación e inconveninetes de toda clase confabulan para desmotivar a muchísimos participantes hasta hacerles claudicar.

Al principio mencioné que este es mi segundo intento. El año pasado se me ocurrió participar sólo para ver cómo me iba. De hecho, comencé varios días tarde, y me encontraba trabajando no solo tiempo completo, sino además haciendo extras en un lugar de difícil acceso. Además, tras unos pocos días de hacer el esfuerzo caí en cuenta de que en realidad no tenía un plan claro de la historia a contar, ni siquiera de los personajes. En fin, el asunto fue un completo desastre desde todo punto de vista.

Este año, ya con la experiencia anterior y además con el apoyo de mi pareja, una escritora más experimentada y disciplinada que yo quien también participa con su propia propuesta novelística, las cosas marchan muy distinto.

En primer lugar, nos propusimos la meta desde el año pasado, y por lo menos desde finales de setiembre y durante todo octubre dedicamos cada uno suficiente tiempo y esfuerzo para ir preparando el plan de obra. Probamos métodos distintos, y donde ella realizó un esquema puntual, con suficientes anotaciones y bastante espacio para la creatividad y la improvisación, yo me preocupé por realizar una propuesta muy detallada, con lujo de explicaciones, desglose escena por escena, y hasta fichas de ambientación y personajes. Ella está escribiendo una novela de ciencia ficción contemporánea, y yo, una de fantasía sobrenatural. Otro de los factores distintos de esta ocasión es este blog, recién nacido el primero de este mismo mes, por lo cual además de NaNo van estos artículos de vez en cuando; es decir, un reto adicional (reto que mi pareja, faltaba más decirlo, lleva ya dos años de estar sosteniendo con éxito).

¿El resultado? Hoy, 14 de noviembre, apenas voy llegando a las 16.000 palabras. El sitio oficial de NaNoWrimo provee a los participantes de una útil herramienta para llevar el control de lo escrito. Según ella, mi progreso actual me pone todavía por debajo de las 23.300 palabras que debería tener antes de esta media noche. Es decir, llevo un promedio de apenas 1.150 diarias (en algunos días no escribí ni jota, mientras que hoy llevo ya 3.000 palabras y contando); para alcanzar la meta dentro del plazo necesito un promedio de 2.000 palabras para cada uno de los días restantes. No será tarea fácil, pero tampoco imposible.

En estos 14 días he podido experimentar lo que nunca antes con un proyecto novelístico. Por primera vez he podido sentir lo que significa tener un plazo estricto para una obra de semejante tamaño (ni por asomo igual a los muchos ensayos de mis tiempos estudiantiles). También me doy cuenta del cansancio y estrés generados por la tarea diaria de escritura, en vez de la relajada satisfacción de unas pocas páginas escritas en toda la semana. Un estrés, por lo demás, bastante parecido al dolor muscular luego de una buena sesión de ejercicio: uno se siente exhausto, pero al mismo tiempo está la adrenalina y la alegría de otro día más superado con éxito. Lo mejor de todo es comprobar que, efectivamente, sí puedo lograrlo.

Todavía me falta mucho por avanzar, pero conforme pasan los días voy sintiendo la transformación interna, psicológica, resultado de tanto esfuerzo. ¿Llegaré a terminarlo a tiempo? Aun no lo sé. Les cuento el primero de diciembre.

Para escribir (bien) hay que leer

2011/11/09

“Si quieres escribir, primero debes leer. Solamente la asimilación de ideas [ajenas] puede ayudarnos a aprender cómo ir enfocándonos en las ideas propias.” –Allan Eckert*

Muy a menudo me encuentro con gente en foros para escritores que desean convertirse en la próxima Stephanie Meyer o J.K. Rowling, y prentenden hacerlo con su primer borrador de un fanfic mal regurgitado. De cuando en cuando, solo por ver cómo anda la cosa, les pregunto acerca de sus libros favoritos, y como era de esperar, esas autoras (o peor, solo una) son prácticamente lo único que han leído fuera de los libros obligatorios en el colegio o instituto.

Estimado lector, estimada lectora: pon mucha atención a las palabras de mister Eckert allí arriba y sigue el consejo. Más aun, visita una librería local y, alejándote de las secciones de los más vendidos así como de la ‘literatura juvenil’, busca un poco entre el estante de ‘clásicos literarios’ (ese que normalmente se encuentra en una esquina mal iluminada y poco accesible). No te limites a tu propia región: consigue obras de autores extranjeros, de culturas diferentes, aun si el único medio para leerles sea una traducción de oscura procedencia. Tampoco es recomendable quedarse en un solo tipo de obra, así que junto a las novelas de fantasía o romance que tanto te gustan, puedes añadir al carrito de compras algún ensayo, antología de cuentos o poemario. Conforme leas y te informes podrás irte haciendo un criterio sobre calidad y contenidos, pero eso tarda su tiempo.

También es útil recordar otro punto: cantidad no equivale a calidad. El público en general puede leer grandes cantidades de libros pero no por ello van a mejorar su redacción y desarrollo de ideas. ¡Leer así sin más no sirve! Hay que leer de manera crítica, haciendo un análisis cuidadoso de vocabulario, redacción, exposición y estructura discursiva. Si no entrenamos a la mente para percatarse de tales sutilezas, tampoco podremos hacer mucho para mejorar nuestra escritura, pues seremos incapaces de reconocer cuándo, cómo y por qué algún pasaje está bien logrado o, al contrario, no funciona en lo más mínimo.

Para poder escribir bien es necesario aprender de quienes ya han demostrado su destreza en el campo.

¡Feliz lectura!

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*Através de @Quotes4Writers

Asumirse como escritor

2011/11/02

Cuando vamos por la vida y alguien nos pregunta quienes somos, ¿de qué forma contestamos? Algunos damos nuestro nombre y apellidos, como si eso dijera algo, pero no todos somos una celebridad o pertenecemos a la realeza como para que el nombre importe por sí solo. Otras personas dan una serie de títulos académicos, aunque los diplomas no garantizan gran cosa en estos días. Otros más dan cuenta de su actual empleo pero, ¿cuántos de nosotros trabajamos en aquello que realmente nos apasiona y nos define como seres humanos? En mi caso, aunque en este momento de mi vida no me gano el sustento -aun- con mis escritos, puedo decir sin ostentación que soy escritor.

¿Y por qué no iba a decirlo? Un escritor es quien escribe, quien vierte el alma con cada palabra que ve la luz sobre el papel o la pantalla. Ser escritor es tener voz y utilizarla, es decir YO SOY, y no solamente yo hago. Para mí esa es la diferencia fundamental entre escribir y redactar. Mi escritura tiene un propósito, dice algo, y aunque no todo el mundo esté de acuerdo, sé que no escribo en vano. Escribo no por pura petulancia de creerme más inteligente o más sabio, ni por el puro deseo de satisfacer mi ego, sino para dar algo al mundo, aunque solo sea un mal ejemplo. Eso me basta, pero hay más.

Escribo porque escribir es crear. Es lo que me hace ser quien soy, más allá de las meras etiquetas y convenciones sociales. Crear es vivir; es lo que me diferencia de las máquinas. Al escribir recreo al mundo y a mí mismo. Mi voz es única, y aunque mis palabras sean ecos de otras muchas, mi voz siempre será irrepetible, al igual que mi particular visión de mundo, mi consciencia, mi espíritu. No me interesa si alguien más puede apreciarlo, si resulta bien visto o una ilusión reprochable.

Soy escritor aunque no lo diga mi declaración de impuestos ni un diploma enmarcado en dorado. No necesito tener diez libros publicados, ni un contrato millonario para mi próxima novela, ni vestirme como bohemio y hablar contra los valores burgueses. La ropa, los adornos, los documentos oficiales, la admiración y la fama… ¿qué de eso vale algo? Soy lo que hago, y lo que hago es escribir.

¿Y usted? ¿Usted quién es? Llámese escritor novato, escritor aficionado, escritor en formación o en vías de desarrollo, pero escritor al fin y al cabo. No se deje intimidar por las listas oficiales, por los catálogos de publicación, por visiones subsidiarias y fragmentadas de quien no le conoce, de quien no le interesa. Si escribe, si siente, si pone sangre y vida en cada página, es escritor o escritora y nadie diga lo contrario.

Acepte quién es y lo que hace. Mientras no asuma la escritura como parte de su identidad, como algo que usted ES, jamás dejará de ser un poeta de alcoba o un ‘tal vez algún día’ que nunca llega. Jamás se atreverá a correr riesgos, soltar la vida segura y cómoda del empleo fijo y alienante para perseguir una quimera. Jamás hará a un lado las excusas para procrastinar, para hacer cualquier otra cosa excepto alcanzar sus metas y escribir sencillamente porque eso es su único pan de cada día.

Olvide las etiquetas. Olvide las comparaciones con otros escritores más famosos o más adinerados. Recuerde que todos los escritores profesionales empezaron con otros oficios, otros quehaceres, y solo gradualmente fueron convirtiendo la escritura en su medio de vida. Pero lo hicieron porque esos otros oficios, esas otras etiquetas, no eran sino ‘mientrastantos’ para pasar el rato y sostenerse en pie durante sus años formativos y sus primeros fracasos literarios.

Escritor es quien escribe. Ahora le repito la pregunta: ¿usted, quién es?

A modo de presentación

2011/11/01

Hace ya muchos años me interesé en la escritura creativa, y más específicamente la narrativa ficcional. En aquellos tiempos mi mundo se limitaba a mi familia, centro de estudios y una reducida esfera social. No conocía el universo virtual de la Internet, y mucho menos existían recursos en nuestra lengua para que soñadores como yo pudiéramos aprender las bases de este oficio y arte.

Participé en varios talleres literarios, leí cuanto pude acerca de escritura (principalmente poesía, lo más fácil de encontrar en bibliotecas públicas y antologías de autores importantes), y con el tiempo aprendí inglés y los rudimentos de otros idiomas que, bien que mal, me abrieron un mundo de posibilidades. Luego vinieron los libros específicos, todos ellos en inglés salvo por unas poquísimas excepciones.

A estas alturas de mi vida, con un par de libros inéditos de poesía e innumerables diarios llenos de cuentos, visiones y mucha especulación, además de cuatro o cinco proyectos de novela (algunos más avanzados y trabajados que otros), he decidido dejar atrás la seguridad del terreno conocido para embarcarme de lleno en esta aventura que es escribir.

Le invito a acompañarme en el viaje, y a cambio le ofrezco alguno que otro comentario, ejercicio y vislumbre de esos que vaya teniendo en el camino de aprender e ir desarrollándome como escritor. Iré actualizando estas páginas unas dos o tres veces por semana, y si la fortuna lo permite, tendré alguna que otra publicación de otras personas que me acompañan en este proceso. De vez en cuando encontrará un divertimento: pequeñas piezas a modo de ejemplo para ilustrar los artículos prácticos pero sin ninguna pretensión de grandes dotes literarias. Otras tantas entradas en este diario virtual estarán dedicadas a opinión y noticias sobre la vida del escritor y el mundo editorial. Pero sobre todo, aquí hallará consejos prácticos.

Siéntase libre de ojear por estas letras, y si lo desea, dejar sus propios comentarios.

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