Archive for the 'La vida de escritor' Category

La resistencia a escribir

2014/08/31

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Imagen cortesía de Witthaya Phonsawat, FreeDigitalPhotos.net

 

La llamamos procrastinación, por darle un nombre altisonante, por creernos la glamorosa ilusión de que es algo muy grande —y por tanto, fuera de nuestras manos—. Pero en realidad no es más que miedo.
Toda resistencia es miedo a algo. Nos resistimos porque no queremos, como un niño que no quiere comer sus vegetales aunque sean buenos para su cuerpo. Entonces buscamos excusas, juegos, distracciones, hasta otras tareas en apariencia importantes, cualquier cosa con tal de no enfrentar esa página en blanco, esa historia que suena tan maravillosa en nuestra mente cuando nos asalta en la ducha, pero que a la hora de la hora no llegamos nunca a poner en papel.

¿A qué le tenemos miedo? No es a lo que podemos llegar a ser. Es decir, la escritura como medio de vida, como fuente de sustento y realización, y no como mero pasatiempo. No es a que nos reconozcan en la calle, o a las otras muchas consecuencias de tener una obra o varias en los anaqueles de las librerías. No, el miedo es al cambio mismo.

No queremos dejar de ser.

Independientemente de si somos fracasados o exitosos, si nuestra vida es satisfactoria o está llena de frustraciones, escribir significa transformarse. La mayoría de escritores concuerda en que el acto mismo de la escritura es su mejor terapia. Pero el inconsciente se resiste al cambio, pretende que el mundo sea predecible, llegar a conocer todos los pormenores de la existencia para evitar modificarse. El eterno sueño de vivir por siempre, de ser siempre iguales.

No queremos cambiar, y la escritura es una tarea transformadora.

Lo que el inconsciente no comprende —no puede—, es que él mismo no es más que un conjunto de programaciones ciegas, un servomecanismo cual piloto automático, incapaz de novedad, de frescura. Quienes realmente somos, los seres conscientes, despiertos, espirituales más allá del mero vehículo de la carne, no podemos restringirnos a los límites de lo cotidiano y predecible. Somos seres VIVOS, y la vida implica siempre cambio, adaptación, lucha.

Negarse a ese constante movimiento, a ese avance, esa expansión de la consciencia a través de la incansable experiencia cotidiana, es negarse a la vida misma, y todo organismo que se estanca comienza inexorable su decaimiento y muerte.

Escribamos, pues, como un acto de amor a la vida. Y cuando el oculto deseo del sueño, de la permanencia inmóvil asome desde su oscuro escondrijo, escribamos con aún mayor fuerza, con más grande ahínco, hasta que decida reptar nuevamente hasta su caverna. Escribamos como un acto de protesta contra nuestra propia inseguridad. Escribamos con el alma, con la sangre de nuestras arterias, en un acto redentor de vida invocando a la Vida y consagrándonos a Ella.

Escribamos para vivir, porque no hacerlo es estar muertos y no saberlo.

Quien pueda entender, que entienda.

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Cuestión de actitud

2013/07/29

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Podemos afrontar el acto de escribir con nerviosismo, entusiasmo, esperanza y hasta frustración –ese desaliento al reconocernos incapaces de poner completamente en palabras lo que tenemos en la mente y en el pecho–. Podemos afrontar este acto con los puños cerrados y la mirada torva, listos para patear traseros y poner al mundo en su lugar. Podemos hacerlo porque deseamos casarnos con la mujer de nuestros sueños o para cambiar el mundo. Hagámoslo de cualquier modo, excepto a la ligera. Lo diré una vez más: no escribamos con ligereza.

No pido hacerlo con obediencia o una actitud reverente; no pido un lenguaje recatado ni abandonar el sentido del humor (¡por Dios, que lo tenemos!). Escribir no es un concurso de popularidad, no son las olimpiadas de la moral y no es la iglesia. ¡Es escritura, maldita sea!, no lavar el auto o maquillarse las cejas. Si podemos tomárnoslo en serio, entonces perfecto, sigamos adelante. Si no podemos, o no queremos, mejor será dejar de leer y dedicarse a otra cosa.

Lavar el auto, por ejemplo.

–Stephen King, On Writing: A Memoir on the Craft

A las palabras de King me gustaría agregar un comentario adicional: no escribamos por obligación. Sí, los escritores profesionales deben cumplir plazos, y cualquiera que desee publicar un día algo decente debe escribir con cierta regularidad aunque ese momento no sienta ganas o no esté “inspirado”. Si escribimos, que sea por elección propia, porque lo deseamos; o por presión interna, porque los mundos imaginados no se contentarán con quedar en el olvido, y las historias y los rostros nos acosarán de día y de noche hasta verse convertidos en palabra.

En el momento en que escribir se torna en una obligación, en una tarea más, en un compromiso, y perdemos el gusto, el impulso creador, y podemos dormir tranquilamente y dejar para la mañana esa idea que llegó a despertarnos de madrugada, entonces más vale buscar otro pasatiempo.

Para escribir en serio, de verdad, nos debe importar lo escrito, debe ser parte de quienes somos. Parece algo demasiado subjetivo, pero en este caso nuestra actitud al escribir hace toda la diferencia.

Y usted, ¿por qué escribe?

¡Feliz escritura!

El peor intento es el que no se hace

2013/03/31

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Quienes hayan leído un poco de este blog (en especial las buenas personas que se tomaron la molestia de suscribirse para recibir actualizaciones), habrán notado que no suelo publicar con mucha frecuencia, y eso en las épocas de actividad, cuando no me encuentro distraído con la vida cotidiana.

Sigo escribiendo, claro. Las mentes creativas no pueden quedarse quietas por mucho tiempo. Pero dedicarse a pulir un artículo que alguien pueda leer es muy distinto de tomar apuntes sobre una nueva raza extraterrestre, un artefacto interesante o protocolos de comunicación entre organismos unicelulares. Un tipo de escritura es libre, sin casi expectativas, pues no está destinada más que a mis propios ojos. El otro va acompañado de una gran cantidad de cuestionamientos y críticas antes incluso de completar su primer borrador. En fin, algunas veces no estoy de humor para todo el trabajo de edición y corrección que el blog ‘exige’.

No soy el único a quien le pasa. La mayoría de los blogs en mi lista de favoritos pueden dividirse en dos categorías: los que actualizan prácticamente a diario (¡gente con esa experiencia y dedicación que ya me deseara!), y los que mueren por inanición luego de unas cuantas entradas, los huérfanos, los olvidados.

Cuando inicié este proyecto imaginaba que tres artículos semanales serían pan comido, pero el entusiasmo de los primeros días se agota, y cuando no es reemplazado por una buena dosis de terquedad y disciplina la cosa no avanza demasiado.

Lo mismo más o menos ocurre con la mayoría de quienes nos aventuramos en el campo minado de la escritura de ficción. Usualmente hacen falta varios intentos fallidos antes de aquél primer éxito. La mayoría se rinde sin haber casi hecho el intento.

Las razones pueden ser muchas, pero casi siempre se trata de meras excusas como la supuesta falta de tiempo, el cansancio, las distracciones… Todas estas son condiciones que, a excepción de los casos más extremos, suelen ser susceptibles de modificación. No, el verdadero motivo por el cual nos cuesta completar un proyecto de esta envergadura es la falta de ganas. Se dice que quien verdaderamente quiere hacer algo encuentra soluciones, y quien no quiere encuentra excusas. Todo es cuestión de actitud.

¿Que a dónde voy con todo esto?

Pues bien, es 31 de marzo y mañana como todos los años da inicio una nueva edición de NaNoWriMo, esta vez en su variedad  ‘Camp NaNoWrimo‘, para todas aquellas personas osadas e ingeniosas que se atreven, algunas incluso varias veces al año, a emprender la tarea de escribir 50.000 palabras en un mes. Es un reto bastante grande pero no imposible, y nuevamente he decidido intentarlo.

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De las cuatro oportunidades anteriores en que participé, solamente en una pude alcanzar la meta. Todas las demás fueron abandonadas (por muy diversas excusas) antes de la primera semana. Este año estoy decidido a ganarlo, y para ello me he armado hasta los dientes con toda clase de estrategias, un claro plan de trabajo y sobre todo muchas ganas. También tengo un gran reto: mi pareja y yo esperamos el nacimiento de nuestro hijo para cualquier momento dentro de las próximas dos o tres semanas.

No me importa si a simple vista parece imposible: aun así pretendo hacer mi mejor esfuerzo.

Le invito a acompañarme durante el mes de abril en esta aventura, y si lo desea, a inscribirse también en Camp NaNoWriMo. ¿Qué pasa si fracasamos? Pues nada, habremos adquirido experiencia valiosa de todas formas. Pero no se puede emprender ningún proyecto con una actitud derrotista, así que ¡ánimos!

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PS: también iré publicando consejos, anécdotas y alguno que otro desahogo conforme vaya progresando, todo con la temática del NaNo. Le invito a acompañarme. :)

Esas necesarias distracciones

2012/06/04

Una corta caminata puede ayudarnos a despejar la mente.

Muchas veces ocurre, cuando nuestro cerebro se encuentra al borde de un colapso de tanto devanar alguna idea complicada, intentando resolver un problema o entender conceptos demasiado abstractos, que basta una pequeña distracción para sacarnos del ensimismamiento y romper la barrera intelectual que impide nuestro avance.

A mí me pasa de tanto en tanto. Tras horas frente al teclado y la pantalla intentando resolver alguna escena complicada pero sin lograrlo, me voy al servicio sanitario y allí, totalmente distraído del texto, tal vez cuando estoy justo lavándome las manos, me llega alguna idea totalmente nueva que me resuelve el problema. A veces nos esforzamos demasiado y tan solo hacía falta una pequeña distracción…

Esto no le ocurre solo a escritores. Numerosas anécdotas de monjes Zen relatan algo muy similar: tras días enteros de meditación profunda, el ruido inesperado de una rana saltando a una poza, o de una rama de bambú quebrándose, fueron suficientes para sacarles de golpe de su intensa concentración mental y, según cuentan, producirles la iluminación.

Sí, pareciera algo contradictorio. Normalmente cuando escribo intento hacerlo en un ambiente de perfecta calma y con un mínimo de distractores. Si no me es posible escribir de madrugada, suelo silenciar el teléfono o bloquear el ruido exterior con audífonos y una música lo suficientemente monótona o poco interesante como para no prestarle atención. Me funciona de maravilla.

Sir Isaac Newton, el genio matemático y científico que planteó la teoría de la gravitación universal y creador del cálculo (aunque los partidarios de Leibnitz ven las cosas de otra manera), pasaba largas horas en el retrete sumido en una especie de trance intelectual que no admitía la más mínima interrupción, ni siquiera para subirse los pantalones y regresar a su escritorio.

Pero en esos casos donde la mente ya no puede más, donde ya se han agotado todas las alternativas o simplemente hemos caido en un circuito sin salida, busque una distracción pasajera. Salga a caminar por media hora. Tome una siesta. Dése un baño. Cualquier cosa que no le exiga usar el cerebro pero sí sea capaz de sacarle de ese estado de obsesión intelectual. Su salud se verá beneficiada y, posiblemente, su trabajo y escritura también.

¡Felices distracciones!

Cómo ser un escritor de éxito

2012/06/01

Muchas personas creen que escribir es fácil, y se figuran que basta con tener cierta habilidad mecanográfica y un poco de imaginación. Otros sueñan con la fama y el dinero, pero se desaniman al percatarse de todo el esfuerzo involucrado en hasta el más simple de los proyectos narrativos. Más aun, por cada autor publicado hay al menos diez que nunca verán su obra en los anaqueles de una librería, y aunque el libro digital está cambiando las reglas ligeramente, todavía el índice de anonimato es bastante alto.

¿Cuáles son algunas de las características necesarias para convertirse en un escritor exitoso? A continuación propongo una breve lista, pero evidentemente pueden ser más. Se trata de siete distintivos que he podido observar en profesionales del calibre de Stephen King, Isabel Allende o Gabriel García Márquez, y esforzarnos por adquirirlas y desarrollarlas puede ser la diferencia entre el éxito o el fracaso literario.

1-Visión

Como cualquier buena empresa o proyecto, todo inicia con una visión. Deseamos expresar algo, tenemos una historia que contar y llegamos a la conclusión de que la mejor manera de hacerlo es escribiéndola. Pero de ahí a convertir esa inquietud en nuestra profesión hay una gran distancia. Debemos poder imaginar cómo será nuestra vida cuando logremos ese objetivo, pero más importante aún, cómo llegaremos hasta ahí y cuales serán los resultados de nuestro esfuerzo.

2-Vocación

Ser escritor no es asunto de elegidos por la mano del destino ni nada similar, sino más bien acerca de tener la suficiente motivación y seguridad de que es lo mejor para nuestra vida, de que es nuestro ‘llamado’. Debemos ser capaces de disfrutar del proceso creativo y de las largas horas a solas con nosotros mismos más de lo que disfrutamos del reconocimiento, el dinero u otros beneficios posteriores de la escritura (algunos de los cuales tal vez nunca lleguen a darse). De lo contrario no tendremos la suficiente energía para todo el esfuerzo requerido.

3-Inteligencia

Algunos parecieran haber nacido con ella, otros debemos esforzarnos por desarrollarla. Pero la inteligencia a que me refiero es la empresarial. Sí, escribir es principalmente un asunto de sensibilidad y vocación, pero si no tenemos los pies bien plantados en la tierra para manejar nuestro tiempo, planificar las tareas específicas, administrar nuestros recursos y ser realistas con nuestras expectativas, de nada valdrán las otras cualidades pues aun así no duraremos gran cosa en nuestro intento por escribir como medio de vida. A menos que aprendamos a ver la escritura como vemos nuestro trabajo, jamás dejaremos de ser meros aficionados.

4-Creatividad

Si bien hay muchas dudas acerca de si la creatividad es algo inherente o si podemos aprenderla, algo sí es definitivo: podemos cultivarla. Para ello es necesario nutrirse constantemente del trabajo de otras mentes, de otros artistas. Pero también debemos esforzarnos por buscar siempre la forma de contribuir con algo valioso a nuestros lectores, algo de nuestra propia experiencia y no simplemente la copia de algún tema trillado o frase hecha.

5-Habilidad

Escribir requiere destrezas técnicas en el dominio del lenguaje (gramática, ortografía, claridad, estilo, etcétera). También resulta necesario dominar al menos las teorías básicas sobre planeamiento de obras, estructuras narrativas, diálogo, exposición, trama, y un sin fin de otros aspectos ‘mecánicos’. Sin ello no llegaremos muy lejos en un campo donde la competencia tanto como la crítica son brutales.

6-Seriedad

La seriedad no tiene relación con el contenido de nuestras obras sino con el conjunto de actitudes que nos definen como profesionales de la escritura. No hay nada peor que un autor embriagado de supuesta fama –aun si la merece–, y en segundo lugar están quienes viven quejándose de no tenerla. También están los bohemios, los que dependen de alguna substancia tóxica, y toda clase de fauna escritoril.

7-Tenacidad

Escribir bien no es algo que pueda aprenderse de la noche a la mañana con solo leer un manual. Es necesario practicar mucho, tener la capacidad de superar gran cantidad de obstáculos (como la incomprensión de familiares y amistades, la falta de tiempo o la procrastinación), y sobre todo, no rendirse a medio camino.

¿Cuáles otras características podemos identificar en escritores exitosos? ¿Cuáles pueden ser más fáciles o difíciles de alcanzar? Deja tu opinión más abajo.

¡Feliz escritura!

Mitos sobre la escritura, Lori Handeland

2012/05/30

Hoy me gustaría compartirles un extracto de este artículo de Lori Handeland (también conocida bajo el seudónimo de Lori Austin) publicado hace días en la página de Writer’s Digest, la principal revista norteamericana para escritores. Lori pasó años trabajando de mesera y luego administrando un estudio fotográfico antes de vender su primera novela en 1993; ahora sus obras se encuentran entre las listas de más vendidos del New York Times. Para conocer más acerca de ella, puedes visitar sus páginas www.lorihandeland.com y www.loriaustin.net.

1. Los libros destacados en las portadas de revistas literarias llegan a tan prestigioso lugar gracias a que son ‘los mejores’. (Es un espacio pagado.)

2. Las reseñas dadas por otros autores carecen de sesgo. (Generalmente son escritas por amigos, o solicitadas por el editor o agente del autor.)

3. Los escritores profesionales ganan tanto dinero como para renunciar a sus empleos diurnos y nocturnos. (La mayoría de escritores profesionales no ganan un salario suficiente para mantenerse de ello. Escriben en sus ‘ratos libres’.)

4. Una vez que un autor logra ser aceptado por la industria editorial, se quedan ahí para siempre. (Cada libro es juzgado por sus propios méritos.)

5. Los autores se convierten instantáneamente en celebridades. (Nada es instantáneo en el mundo editorial.)

6. Oprah* te llamará. (No lo hará. Deja de esperar.)

7. Los libros en los estantes principales de las librerías son ‘los mejores’. (También este es un espacio pagado.)

8. No es necesario preocuparse por la gramática o puntuación; eso es trabajo del editor. (Si un editor recibe una propuesta mal redactada, dejará de leer. Con costos tiene tiempo de leerlo; no va también a corregirlo.)

9. El cheque llegará puntual. (¿Desde cuándo llegan a tiempo los cheques?)

10. Una vez que publiques, los rechazos editoriales son cosa del pasado. (He recibido más cartas de rechazo LUEGO de tener libros publicados de las que llegué a recibir antes.)

*Oprah Winfrey es capaz de convertir cualquier libro en best-seller con solo recomendarlo en su programa o sitio web. Pero esto es otro espacio pagado, y son sus productores quienes deciden.–JAO

A estos interesantes aportes de Lori, quisiera añadir algunos cuantos propios:

1. Escribir es fácil: solo se necesita imaginación y una computadora. (Si fuera fácil, todo el mundo escribiría. La dura realidad es que la mayoría apenas sabe redactar correos electrónicos, y se angustian ante la idea de escribir una página completa para cualquier informe de oficina.)

2. Escribir es algo ‘que se trae’, si tenemos talento el éxito está asegurado. (Lo único que se trae son las ganas, todo lo demás hay que trabajarlo. Es más, hasta las ganas son discutibles: los escritores son famosos por su enorme capacidad de procrastinación.)

3. Nos reconocerán en la calle y daremos muchos autógrafos. (Nuestros amigos y familiares nos reconocerán en la calle. La firma, no el autógrafo, nos la pedirán en bancos, en recibos de tarjetas de crédito y otras cosas similares.)

4. Publicar resolverá nuestros problemas personales. (Por el contrario, los incrementará. La gente a nuestro alrededor sí se creerá el cuento de que tenemos una vida glamorosa y que estamos forrados en dinero, y eso trae consecuencias. Además, quienes llegan a creerse superestrellas suelen alejar las verdaderas amistades…)

5. Un libro publicado demuestra inteligencia, experiencia y talento. (Con tantas empresas de autoedición, amistades en editoriales, premios literarios ‘arreglados’ y otras tantas, es el contenido de la obra, no la publicación en sí, lo que deberá demostrar si posee algún valor.)

Si tienes otros mitos que añadir a la lista, ¡deja un comentario!

 

¡Feliz escritura!

 

Herramientas – El archivo de imágenes

2012/05/21

Siempre me ha gustado coleccionar fotografías e imágenes curiosas: un rostro enigmático, algún paraje solitario en el bosque, una edificación ingeniosa, hasta un mapa de tierras lejanas, ¡todo ello me despierta las ganas de saber más sobre las historias que podrían estar ahí, esperando ser descubiertas!

Originalmente comencé coleccionando recortes de periódicos y revistas viejas; de hecho, todavía conservo una caja de zapatos llena de estas imágenes variopintas, pero rara vez me tomo la molestia de abrir el armario y mirar dentro. Desde que la Internet y las computadoras se volvieron parte integral de mi vida cotidiana, lo que conservo es un archivo digital de esas (literalmente) miles de fotografías, dibujos, pinturas e ilustraciones que, tarde o temprano, terminan por darme ideas interesantes para entretejer a mis poemas y relatos.

Empiece usted también su propio archivo de imágenes

Lo primero es dedicar un espacio a la colección, ya en una caja, ya en una carpeta en el disco duro. Ese espacio será una colección de historias en espera de ser contadas, así que es mejor asegurarse de no mezclarlo con otras clases de documentos que puedan rondar por ahí.

Lo segundo es organizar la colección de manera lógica, de modo que resulte relativamente fácil localizar imágenes específicas. Le recomiendo destinar una subcarpeta a imágenes de personas y titularla “personajes”. Haga lo mismo con “objetos curiosos”, “escenarios”, “criaturas” (en especial si le interesa la ciencia ficción o la fantasía), y toda otra clase de categorías generales que no dejen duda alguna sobre el contenido. En mi caso, reconozco ser un poco obsesivo con el orden, así que suelo jerarquizar las carpetas y añadir subcategorías dentro de cada una según la cantidad de imágenes que posea de cierto tipo. Por dar un ejemplo, mi carpeta de “personajes” tiene una subcategoría de “niños”, otra de “niñas”, una de “hombres”, una de “mujeres”, una de “monstruos” y otra última de “seres fantásticos”… según el rostro particular me resulte más apropropiado para una u otra.

El tercer punto es el más obvio y necesario: ¡acumular las imágenes! Admito que esta es una de mis formas predilectas de procrastinación. Puedo llegar a pasarme noches y madrugadas enteras en Google o Bing en busca de la imagen perfecta, pero guardando virtualmente todo lo que me pueda ser de utilidad luego. Basta con escribir una palabra clave y pulsar el botón de búsqueda para sumergirse en un océano de estímulos visuales de toda clase. Por dar un ejemplo, la novela que estoy trabajando en este momento transcurre entre dos enormes bosques y un poblado de campesinos; eso me llevó a buscar imágenes de bosques (uno oscuro y denso, el otro luminoso y abierto) para inspirarme en las descripciones. Pero mientras estaba en eso encontré también toda clase de fotografías de fauna, flora, personajes, cabañas… listos para ser integrados en mi historia.

Vale aclarar que la búsqueda en Internet no es mi única opción cuando ando a la cacería estímulos visuales. Los periódicos, las revistas viejas, las fotos tomadas con un celular o, mejor aun, una cámara digital… y por supuesto los libros son todos ellos buenos para obtener imágenes interesantes. No se asuste, jamás mutilaría un libro solo para extraer un cromo; más bien colecciono toda clase de guías de naturaleza, diccionarios visuales, libros de arte, y un sin fin de otras obras ilustradas. ¡El tiempo se va volando cuando me sumerjo en un buen libro en busca de inspiración!

Le invito a iniciar su propio archivo fotográfico. No importa qué tan modesto sea al principio, con los años podrá llegar a recorrerlo como se recorre un museo, con los ojos bien abiertos y la imaginación rebosante de ideas.

 

¡Feliz escritura!

 

Reescribir viejos trabajos

2012/05/09

Soy un acumulador de cuadernos y papeles. Tengo un mueble de archivo lleno de ellos, todos debidamente clasificados según el tema, la fecha, y otros criterios obsesivamente ordenados. Jamás me deshago de un solo apunte o garabato, ni siquiera cuando ya los he pasado en limpio o digitalizado de alguna forma. Supongo que me siento más seguro sabiendo que cuento con el original como referencia, o tal vez se trate de una necesidad meramente psicológica de sostener el apego a quien fui en el momento de escribir o dibujar aquella cosa.

Pues bien, en los últimos días he pasado bastantes horas pasando en limpio muchos de mis viejos poemas y fragmentos en prosa. Ha sido una excelente oportunidad para recordar mis días en uno de los talleres literarios en los que mejor la pasé, pero también, y sobre todo, para comparar con el tipo de cosas que escribo ahora, más de una década después.

En primer lugar, puedo ver cómo mi estilo ha ido evolucionando y volviéndose más maduro, más seguro de sí mismo. No solo poseo un vocabulario bastante más amplio que entonces, también han cambiado los temas de interés, los lugares comunes de mi universo de letras, la forma misma de redactar hasta la oración más simple.

En segundo lugar, me da una valiosa oportunidad para redescubrir muchos fragmentos olvidados y evaluarlos bajo una nueva luz. Con la mayoría de ellos no puedo evitar la convicción de que se tratan de verdadera basura, y me alegra no haber publicado casi ninguno.

Pero de lo poco que se rescata es interesante descubrir que prácticamente no resisto la tentación de corregir una palabra aquí, una frase allá, de eliminar versos enteros y añadir otros tantos, en fin, de reescribirlo todo. Lo veo como una oportunidad para darle nueva vida a un cadáver ya enterrado y exhumado luego. El espíritu sigue estando ahí, en el nuevo poema, pero el cuerpo –las palabras de la anterior encarnación– queda descartado a favor de uno nuevo y mejor.

Copiar, pasar en limpio y reescribir también fomentan la creatividad. Me estimulan intelectual y anímicamente para crear cosas nuevas, escribir nuevas historias, nuevos versos. Me da ideas que puedo trabajar. Es como si el simple hecho de mover los dedos sobre este teclado fuera suficiente para activar el mecanismo de la inspiración.

Pero soy un acumulador, y como nunca tiro nada, termino añadiendo estas versiones y escritos nuevos al creciente archivo digital, a fin de comparar otro día, algunos años en el futuro, la evolución de aquellas piezas supervivientes.

Y usted, ¿tiene por ahí algún cuaderno viejo? Si es así no dude en desempolvarlo: es muy posible que se lleve algunas sorpresas agradables.

¡Feliz escritura!

 

El valor de la crítica constructiva

2012/05/06

En los talleres literarios es normal que cada participante lea en voz alta sus escritos para recibir la opinión y ayuda de sus compañeros. El problema algunas veces surge cuando la crítica se sale de tono y en lugar de ayudar en algo termina destruyendo la dinámica del grupo. A continuación algunos consejos de qué hacer y qué no hacer en estos casos para mantener las buenas relaciones y aportar observaciones útiles.

Escuche atentamente a quien lee

La idea de participar en un taller no es solamente que los demás me ayuden con mi trabajo, sino que todos ayuden a todos. Cuando no prestamos atención a quien está leyendo, emitimos el mensaje de ‘no me importa, solo me interesa mi propio texto’. La persona que constantemente hace esto se gana el rechazo de los otros, y pierde además la oportunidad de aprender de sus compañeros y compañeras de taller.

Toda escritura tiene el poder de enseñarnos algo, inclusive si se trata de un género distinto, o si el autor es todavía novato. Así como leer (tanto obras buenas como malas) nos ayuda a desarrollar un ojo crítico con nuestro propio texto, escuchar atentamente a nuestros colegas ayuda a afinar los sentidos y redunda en beneficios para nuestra escritura. Además, la atención demuestra respeto, algo que nosotros mismos deseamos cuando sea nuestro turno de leer.

Finalmente, sin escuchar con atención no seremos capaces de aportar nada útil, y perdemos también la oportunidad de ejercitarnos en retórica y oratoria por este medio.

Aporte comentarios útiles

Como escritor, de nada me sirve cuando alguien me dice lo ‘bonito’ que está mi cuento, o lo ‘bello’ que les pareció mi poema. Tal vez me haga sentir bien, tal vez me ayude a reforzar mi autoestima, pero esa clase de comentario es vacío en tanto no aporta algo práctico para mejorar mi escritura. Es puro azúcar sin ningún contenido nutritivo. Y cuando, por el contrario, nuestra crítica es destructiva, cuando no aporta nada útil, no estamos participando en el taller, estamos aprovechándonos de éste para sentirnos más que los otros. En cualquiera de los dos casos, nuestros comentarios hacen perder el tiempo al resto de participantes.

Para evitar esto, intentemos siempre hallar algún aspecto mejorable y expresarlo de forma que el otro pueda sacarle provecho. ¿Nos gustó determinado uso del lenguaje? Digamos exactamente dónde y por qué motivo; así los demás podrán aprovechar el acierto e intentar repetirlo. ¿Las oraciones nos parecieron demasiado largas y difíciles de entender? Hagámosle saber esto para que revise su forma de concatenar y subordinar ideas.

Sea honesto, pero con asertividad

Hay una diferencia entre decir la verdad y decir ‘mi verdad’. ‘Mi’ tiene el problema de ser enteramente subjetivo y nada confiable, pues mis opiniones y sentimientos no tienen por qué ser compartidos por los demás. Expresiones como ‘no me gusta’ o ‘qué aburrido’ expresan al ‘mi’ sin aportar nada constructivo al compañero o la compañera que leyó su trabajo. Tiene además el inconveniente de sonar como un ataque personal, y esta es la manera más directa y segura de destruir las buenas relaciones entre miembros del taller.

Bien utilizado, el ‘mi’ puede convertirse en instrumento de asertividad; podemos usarlo para expresar objetivamente un hecho subjetivo. Si determinado pasaje nos pareció aburrido, podemos expresarlo en términos que no sean tímidos (‘está muy bonito’) ni agresivos (‘da asco’), sino objetivos o asertivos (‘me costó sostener la atención en esa parte’). De tal forma estamos aportando un comentario práctico, exclusivamente referido al texto, y sin calificar a la persona que lo escribió.

No se tome la crítica como algo personal

Este último consejo va tanto para quien critica como para quien recibe el comentario. Recuerde que el taller no se trata de las personas sino de la escritura. He conocido a muchos escritores que me caían de maravilla pero de cuyos escritos nunca pude enamorarme, y otros insoportables y con serios problemas de relaciones humanas que, sin embargo, escriben muy bien según mi parecer. Pero el punto es que no tengo derecho de dar una crítica negativa a un buen trabajo por más que su autor me caiga mal, ni tampoco es correcto dar críticas maravillosas a mis amigos si el texto no lo merece. En ambos casos es una falta de respeto, pues los comentarios resultan engañosos y no le ayudan al escritor a mejorar su técnica.

Por otro lado, si le ha tocado a usted recibir un comentario negativo, no se justifique pensando que esa persona es un desgraciado, que solo le dice eso para herirle. Revise fría y objetivamente el comentario y verifique cuánto de verdad puede haber ahí y cómo -si acaso- puede mejorar su texto gracias a ese aporte. Recuerde también que los comentarios positivos y bien intencionados no necesariamente serán útiles o aplicables en su caso particular. Discrimine si la crítica se debe a gustos específicos en cuanto a tema y estilo, o si se trata de comentarios sobre la técnica y claridad de las ideas.

Espero que estos consejos le ayuden a usted y su grupo. ¿Tiene alguna otra sugerencia para trabajar con crítica constructiva? ¡Por favor compártala!

¡Feliz escritura!

Retomar un proyecto

2012/05/04

El día de hoy mi pareja y yo hemos decidido retarnos otra vez en una maratón de escritura al estilo de NaNoWriMo para el resto de este mes. De hecho, se trata de retomar precisamente las novelas empezadas en noviembre y abandonadas hasta ahora.

¿Funcionará? Tal vez sí, seamos optimistas.

En buena teoría, si ya lo hicimos una vez nada nos impide repetir la experiencia. En esta ocasión, sin embargo, hay algunas circunstancias en contra.

La primera es empezar en frío. El año pasado nos preparamos física y psicológicamente para el reto: cancelamos compromisos, abarrotamos la alacena de comida chatarra, preparamos esqueletos detallados de la obra, nos familiarizamos con el mundo y los personajes. En cambio ahora debemos comenzar por recuperar el hilo perdido, sintonizarnos nuevamente con esa idea de numerosas ramificaciones.

La segunda es el tiempo. Ya para hoy son tres (casi cuatro) días de retraso, y la cantidad meta de palabras por día se va agrandando lenta pero irremediablemente.

¿La estrategia? Pues muy simple: ¡no procrastinar!

Si algo me enseñó el último NaNo fue que el peor enemigo del escritor es la distracción, así que ahora lo primero es eliminar de la MacBook y el iPad todas las aplicaciones superfluas en las que pueda sumergirme por más de 15 minutos a la vez.

Otra acción necesaria es la de llevar un control estricto del tiempo dedicado a redes sociales y correo electrónico. En este sentido echaré mano a los conductistas, no ingresando a Facebook, Twitter o mi buzón de Yahoo hasta no completar la cantidad diaria de palabras.

Y por supuesto, leer. Tengo unas 70.000 palabras de la novela, entre bocetos, fichas y apuntes varios, que debo releer con cuidado para ubicarme de nuevo en mi historia. Aun así escribiré hoy mi cuota de 1800 palabras (por el retraso), sin importar que luego deba eliminar o reescribir para ajustar al resto.

Un reto, sobre todo si se hace en pareja o con amigos, resulta más llevadero y entretenido. Les invito a unirse a esta maratón de escritura improvisada y a compartir conmigo sus experiencias.

Al final del mes veremos cómo ha resultado.

¡Feliz escritura!

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