Archive for junio, 2012

Atrapar al lector desde la primera oración

2012/06/29

¿Alguna vez se ha preguntado por qué tantos libros mediocres se venden tan bien? Pues posiblemente tuvieron un muy buen inicio.

Dicen que la primera impresión es la que cuenta. Una mala primera impresión en, por ejemplo, una entrevista laboral, puede hacernos la vida más difícil y cerrarnos la puerta al nuevo empleo aunque estemos cualificados.

Lo mismo ocurre en ficción: al evaluar un nuevo libro, la gran mayoría de lectores (incluyendo agentes y editores profesionales) lo primero que hacen luego de revisar la sinopsis es leer las líneas de apertura. Si esas poquísimas palabras producen un impacto negativo la obra entera quedará relegada a la estantería (o peor, la pila de rechazos), sin importar cuán valioso pueda ser el resto.

Si la obra es mala no habrá quien la salve, pero muchas obras de mediana calidad sí logran venderse gracias a una buena premisa general y un inicio impactante. Por el contrario, obras realmente buenas pero con inicios débiles han quedado prácticamente en el olvido por su incapacidad de atraer lectores. Por ello es necesario esforzarnos siempre por enganchar a nuestro público desde el inicio. Pero, ¿cómo logramos esa apertura genial?

La oración inicial debe cumplir tres tareas fundamentales: decirnos de qué trata la historia; establecer la atmósfera general de la obra, e introducir al personaje principal. Si cualquiera de ellas falta estaremos automáticamente en problemas, y aunque muchos lectores son capaces de mantener la atención por varios párrafos y hasta páginas, lo que no se logró a un principio difícilmente pueda compensarse más adelante. (La única excepción es con autores muy reconocidos, con suficientes lectores fieles como para asegurar las ventas a pesar de un inicio flojo.)

Tomemos por ejemplo la primera oración de Cien años de soledad: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Esta es tal vez la mejor apertura de una novela latinoamericana, y cumple a cabalidad los tres propósitos recién mencionados. Sabemos que la historia habrá de girar, por lo menos durante un buen tramo, alrededor de cómo y por qué el coronel va a ser fusilado. De inmediato se introduce al protagonista, y es desde su punto de vista que se habrá de contar la primera mitad de la novela. Finalmente, hay una atmósfera tensa y cargada de muchas posibilidades. ¡De inmediato dan ganas de saber más!

Otras aperturas magistrales:

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor” (El valeroso hidalgo Don Quijote de la Mancha). Aquí se introduce aun personaje verdaderamente memorable. La trama no importa, es Don Quijote quien nos engancha desde el inicio.

“Ser o no ser, ese es el dilema” (Hamlet). De inmediato sabemos que la obra tendrá un fuerte componente reflexivo sobre la vida y la muerte.

“En un agujero en el suelo vivía un hobbit” (El hobbit). Aquí viene la pregunta obligada: ¿qué rayos es un hobbit? Simple, pero tremendamente eficaz.

Y acaso la mejor de todas: “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto” (La metamorfosis). ¡Cómo no seguir leyendo ante semejante gancho!

Eso sí, luego de un inicio deslumbrante debe seguir necesariamente un desarrollo a la altura, pero si esa primera oración logra sus tres cometidos, allanará el camino al resto.

Le recomiendo buscar sus obras favoritas y estudiar con atención las frases y oraciones iniciales. Su público notará la diferencia.

 

¿Cuál es su oración de apertura favorita? ¿Por qué?

¡Feliz escritura!

 

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Esos necesarios defectos

2012/06/27

En la literatura ligera, así como en el cine y la televisión de mala calidad, es muy común que los argumentos, situaciones y, en especial, los personajes estén perfilados de manera muy superficial. Los malos son completamente pérfidos, mientras los buenos son criaturas celestiales. En otras palabras, son falsos y aburren al poco tiempo.

Afortunadamente el público en general ya se ha ido cansando de semejantes estereotipos, de las figuras de cartón y los discursos simplistas. Pero ¿por qué son aburridos? Puesto en pocas palabras, son inverosímiles.

Resulta difícil tragarse el cuento del príncipe tan valiente que no importa cuán terrible sea el dragón, termina venciendo simplemente por ser el ‘bueno’. Y ni qué decir de la bella pero humilde damisela que termina por conseguir un marido apuesto y acaudalado.

En el pasado, el moralismo extremo y la censura social solo permitían un cierto tipo de protagonistas, todos ellos versiones idealizadas de lo que debía ser la gente según el discurso dominante. En la actualidad más bien se cae en el extremo opuesto: los ‘héroes’ son neuróticos, manipuladores y a todas vistas bien desagradables como seres humanos. Pero la realidad tiende más hacia un término medio entre ambos extremos.

Ningún ser humano es perfectamente ‘bueno’ o ‘malo’ –en especial cuando estas palabras varían tan fácilmente de significado. Todos tenemos alguna clase de mancha, limitación, algún secreto oscuro, pero también cualidades positivas. Nuestros lectores están conscientes de ello y encuentran difícil identificarse con alguien demasiado artificial.

Si se trata de la heroína del relato, por ejemplo una activista por los derechos de los animales… entonces démosle un carácter difícil, tal vez agresivo, como resultado mismo de su apasionada convicción. Si en cambio tenemos al antagonista, un traficante de marfil interesado principalmente en hacerse rico, podemos también añadirle una especie de parche luminoso: tal vez una hija pequeña a quien adora por sobre todas las cosas.

Un buen defecto no necesariamente debe ser físico, como la nariz de Cirano, o un vicio moralmente reprochable, como el muy gastado alcoholismo. Ni siquiera es necesario exagerar, cual es el caso de tantos desórdenes neuróticos que suelen plagar comedias chabacanas y telenovelas baratas. Una propensión a la ira, inseguridad en situaciones sociales, una actitud pesimista, rigidez emocional y muchos otros aparentes defectos pueden darle un matiz más humano a nuestros protagonistas.

En su simplicidad, cada opción ofrece muchas posibilidades, y nuestras decisiones determinarán si el público lector terminará apreciando el relato o tirándolo a la basura.

Vale también la pena experimentar con una combinación sutil de varios elementos, positivos y negativos, pero siempre intentando formar un conjunto sólido (¡también se valen las contradicciones!).

La próxima vez que esté trabajando alguno de sus personajes, intente compararlo con personas reales y, sin calcar muchos detalles, identifique aspectos positivos y negativos de esa persona que pueda incorporar en el relato. Esto le ayudará a perfilar seres más cercanos a la experiencia cotidiana y a evitar los lugares comunes.

¡Feliz escritura!

Observar detalles, imaginar historias

2012/06/20

Hace tiempo leí una interesante propuesta de la Dra. Clarissa Pinkola Estés en su página de Facebook. Ella propone, en pocas palabras, ejercitar los ‘sentidos superiores’ (imaginación, intuición…) con pequeñas actividades de atención y creatividad.

La propuesta es simple: observe una imagen interesante y preste mucha atención a los detalles. Tómese su tiempo, relájese. Luego identifique algún elemento que llame su atención e imagine que o quién es, por qué está ahí, cuál es su historia. Adicionalmente podemos tratar de descubrir aquello que se encuentra fuera de cuadro, los eventos del momento, los posibles personajes.

He aquí mi traducción del texto de la ‘Dra. E.’:

Queridas almas:

Esta es una actividad que solía enseñar cuando mis niños estaban pequeños (tanto hijos como nietos), para mantener vivos y despiertos sus sentidos superiores, para realmente mirar lo que tenemos al frente e imaginar las historias en el trasfondo.

Observen esta fotografía del funeral de una mujer gitana. Estoy segura que entre la gente hay 11 violinistas, un contrabajista, un trompetista y un guitarrista. ¿Cómo puedo afirmar que hay 11 violinistas gitanos si no se ven la mayoría de sus instrumentos? ¿Qué otras cosas pueden ver en esta imagen si observan con atención? ¿Cuál es el ambiente general? ¿Quiénes visten a la vieja usanza y quienes no? Elijan a una persona y cuenten su historia, el motivo y la manera en que llegaron al funeral.

Así es como considero que podemos mantener vivos y despiertos nuestros muchos sentidos: utilizándolos, dándoles suficiente atención y objetos de interés para ejercitarlos a diario.

Algunos de estos sentidos casi nunca se mencionan: intuición, amor, alma, espíritu, instinto, visión interna, oído interno, el sentido de la imaginación, el sentido eterno, el sentido de la atención al detalle… y existen más. Estas son nuestras formas de aprehender los hechos, los significados y los sentimientos.

Con amor,
Dra. E.

Como escritores podemos aprovechar este ejercicio de mil maneras, independientemente de nuestra opinión sobre estos ‘sentidos superiores’ (aunque el concepto me resulta bastante interesante, tal vez no como sentidos sino más bien facultades o aspectos de la psique).

Veamos, pues, esta interesante fotografía (aquí aparece en tamaño reducido, pero se puede ampliar pulsando sobre ella para apreciar mejor los detalles).

Dentro de la imagen me llama la atención el automóvil parqueado al lado de la carroza fúnebre. A primera vista pensé que se trataba de cualquier conductor a quien los presentes no dejaban pasar… pero las personas sentadas o apoyadas en este dicen algo más. “Venimos a observar, pero  no a quedarnos”. El niño se ve particularmente aburrido, con una mano en el regazo y la otra sosteniéndose la barbilla. No le interesa estar ahí, ya quiere que el asunto acabe para irse a ver televisión…

Fuera del cuadro también están ocurriendo cosas. Por un lado, la fotografía se toma desde un segundo o tercer piso (nótese la escalera de emergencia levantada y algunas personas mirando al fotógrafo). ¿Quién más está allí arriba? ¿Un francotirador? ¿Reporteros? ¿Espías del gobierno? También hay varias personas viendo hacia abajo a la derecha… ¿vendrá acaso un camión de la policía? Las posibilidades son muchas.

Por cierto, yo veo 12 violinistas y 4 contrabajistas, más el guitarrista y el trompetista, además de un hombre tocando clarinete. ¿Será que la fallecida trabajó con la orquesta? ¿Tal vez era cantante o familiar de alguno de los músicos?

Y usted, ¿qué historias puede encontrar ocultas en esta fotografía?

¡Feliz escritura!

Los elementos básicos de una historia

2012/06/14

Ambientación, personajes y acciones. Estos son los tres elementos primordiales de toda narración. Desde una anécdota familiar hasta una novela de proporciones épicas, ninguna historia está completa si le falta cualquiera de ellos.

Ambientación

Es tanto el espacio como el tiempo en que se desarrolla la trama. Podemos verla como el eje horizontal, la base sobre la cual se montan los otros dos. No es lo mismo un evento que ocurre al aire libre, rodeado de naturaleza y un clima tempestuoso, amenazador, que otro al interior de un refugio, con calefacción y otras comodidades donde sentir seguridad. Tampoco da igual que sea de día o de noche, que llueva o haga sol, o inclusive la cantidad de personas presentes. Todo esto afecta tanto el estado mental y el ánimo de los presentes como el tipo de acciones posibles en un momento dado. Elegir cuidadosamente la ambientación correcta para cada escena de la historia es crucial para llevar al lector hasta el punto de olvidarse del libro en sus manos y vivir plenamente su contenido.

Personajes

Sin personajes no hay historia, solo datos sueltos. Tanto es así que, para muchos escritores, la historia no trata de eventos sino de quienes los vivieron. Si escuchamos una estadística sobre cuántos soldados perdieron la vida en la segunda guerra mundial nuestra reacción será posiblemente fría, distanciada. Pero si uno de esos soldados resulta haber sido nuestro abuelo o quizás un amigo de la familia, entonces el interés se despierta y nos entran ganas de saber más sobre esa persona. Nos interesa escuchar historias para saber de otros seres humanos como nosotros, las experiencias que vivieron y las decisiones que tomaron: el instinto de supervivencia nos incita la curiosidad; nuestra propia búsqueda de identidad y pertenencia nos hará crear vínculos emocionales con quienes llegamos a identificarnos… aunque se trate de personajes ficticios.

Acciones

Algunos personajes en un escenario pueden formar una imagen estática, como una fotografía, pero no es sino hasta cuando añadimos la acción que esa imagen cobra movimiento y de verdad comienzan a ocurrir ‘cosas’ en la historia. Todas esas páginas interminables describiendo la propiedad familiar, exponiendo detalladamente el ritual del desayuno, o inclusive esos precisos catálogos de mañas y gestos de nuestro protagonista no son más que puro relleno… salvo que de alguna forma contribuyan directamente al cómo nuestros personajes toman decisiones cruciales (erradas o certeras, según lo exija la historia), al embrollo y desenlace de la trama. Los actos son el alma de la historia.

Eventos

Los eventos son un resultado de la combinación de los tres ingredientes antes mencionados. Son las piezas del rompecabezas que se va armando palabra a palabra hasta completar la narración. Un evento nunca está compuesto simplemente por la ambientación, o por los personajes (y ni qué decir de acciones, las cuales requieren por fuerza algún actuante). Son un todo integrado de cerebro, corazón y músculo, y al combinarlos correctamente unos con otros producen un cuerpo sano y vigoroso, con el efecto de hacernos creer en la historia aunque sea por un breve espacio.

En todos nuestros escritos tengamos presente la diferencia entre cada uno de estos elementos, y la forma como llegan a combinarse para formar eventos y escenas. Cuando un pasaje de texto no funciona es, usualmente, debido al exceso o carencia de alguno de ellos.

Ante todo la regla básica: hacer que cada palabra cuente.

¡Feliz escritura!

El Argumento y otras palabras espinosas

2012/06/11

Todo este asunto del argumento es un poco escabroso debido, principalmente, a su utilización difusa y generalmente fuera del debido contexto, además de su constante confusión con los conceptos de trama y sinopsis, entre otros. Intentemos, pues, dilucidar su correcto significado, primero general y luego en lo pertinente a la escritura creativa.

El argumento retórico

La primera acepción (la de uso más difundido) que nos da el DRAE es la de “Razonamiento que se emplea para probar o demostrar una proposición, o bien para convencer a alguien de aquello que se afirma o se niega”. Es decir, cuando argumentamos algo es porque estamos intentando persuadir a alguien, ya sea de que acepte nuestras palabras como verdaderas, o de que tome determinado curso de acción. Los textos académicos y los tratados de ley y jurisprudencia abundan en argumentaciones de toda especie.

El tema o mensaje

En segundo lugar, el argumento es principalmente el tema o asunto de que trata determinada obra, ya sea literaria, cinematográfica, televisiva, etcétera. Este significado tiene mucha relación con el primero, el retórico, pues se considera que toda obra artística o literaria, fundamentalmente, es un acto comunicativo, y detrás de ese producto siempre habrá un mensaje. Este mensaje puede adoptar muchas formas, desde la moraleja y la enseñanza práctica hasta los meros fines económicos de, por ejemplo, un infomercial. Así, el argumento de la obra es el mensaje sintético del que su realizador intenta convencernos.

El resumen o temario

En tercer lugar de importancia está el significado que, posiblemente, sea el causante de la confusión. Dice el DRAE, “Sumario que, para dar breve noticia del asunto de la obra literaria o de cada una de las partes en que está dividida, suele ponerse al principio de ellas”. Posiblemente usted los haya visto en obras académicas, o inclusive en piezas literarias de cierta antigüedad. Son pequeños resúmenes al principio de una obra o capítulo con la siguiente estructura: “Sección primera, en la que se definen las causas del problema y a los principales proponentes de una u otra posición”. Otra forma es el listado de los diversos puntos, como una especie de tabla de contenido para la unidad. En el Quijote podemos encontrarlos a la apertura de cada uno de sus capítulos.

La sinopsis

Según las anteriores definiciones, podemos considerar que una forma del argumento es la sinopsis, como aquellas que se encuentran en la tapa trasera de los libros o describiendo obras cinematográficas. Suelen ser bastante escuetas en cuanto al nivel de detalle que proporcionan, y su objetivo principal es darnos una pincelada de la obra, sin revelarnos ningún punto clave de su trama, a fin de persuadirnos para comprarla. Es decir, en la actualidad no es más que una estrategia de mercado.

Argumento versus trama

Puesto que el argumento suele indicar, a grandes rasgos, aquello de lo que se trata la obra, es muy común ver a la gente, inclusive escritores y pensadores de renombre, utilizar el término para referirse más bien a la trama de la historia. Pero la trama no es un intento de convencernos de nada, ni un mero resumen de la obra, ni siquiera una síntesis de los principales elementos de los que se compone la historia. No está hecha para ser leída por sí sola, sino que es una ayuda para el escritor durante su proceso creativo. La trama es, en pocas palabras, la estructura misma de la historia y la relación que sus elementos constitutivos guardan entre ellos.

Veamos un ejemplo de cada uno con ayuda de una historia tradicional: Pedro y el lobo.

La sinopsis del cuento podría ser así: “Pedro es un niño que pastorea ovejas, pero le gusta mentir y burlarse de la gente. Un día, sin embargo, su encuentro con un terrible lobo le hará ver su error”.

El tema, que es la idea general detrás de la historia, es de corte moral y relativo a las consecuencias de decir mentiras. “Mentir es malo”.

El argumento retórico intenta convencernos de adoptar una conducta específica. “Mentir puede causarnos daño; luego, hay que decir la verdad”.

La otra versión de argumento, la explicativa, sería esta: “Pedro y el lobo, una fábula moral en que se expone el vicio de contar mentiras y las terribles consecuencias que esto puede traer”.

La trama de la obra es algo muy distinto: “Pedro es un niño que pastorea ovejas en el campo. Constantemente engaña a sus vecinos haciéndoles creer que un lobo acecha, y se burla de ellos cuando vienen a ayudarlo. Un día aparece un lobo de verdad y empieza a matar ovejas, pero también amenaza la vida del propio Pedro. Esta vez, por más que grita y pide auxilio nadie viene, pues todos creen que es otro engaño. Pedro cae en cuenta de su error. El lobo mata a Pedro”.

Nótese que, a pesar de todo, este último párrafo no es propiamente la ‘trama’, sino una enumeración básica de los puntos que la componen. Puesto que se trata de una abstracción, de una idea de estructura, no es verdaderamente posible escribir la trama. Lo más que se puede es indicar de pasada sus puntos básicos.

¡Feliz escritura!

Las tres palabras más importantes para un escritor

2012/06/06

En escritura no existe ninguna fórmula mágica para resolver todos nuestros problemas. Pero a falta de eso, lo más parecido que tenemos es una pregunta bastante directa y tan engañosamente simple que muchos la desdeñan, ignorantes de su enorme potencial.

Esa pregunta es ‘¿qué tal si…?’

Son solo tres palabras –ni siquiera una oración completa–, pero detrás de ellas se encuentra un océano prácticamente infinito de creatividad. Grandes obras de la literatura han sido posibles gracias a que alguien se atrevió a salir del esquema cuadrado de lo conocido o generalmente aceptado y sencillamente se dedicó a imaginar nuevas posibilidades.

Mucha ficción es resultado de preguntas como estas: ¿Qué tal si Napoleón hubiera sido 20 centímetros más alto? o ¿Qué tal si la Madre Teresa se hubiera convertido al Islam? Pero este truco no es exclusivo de la ficción. Periodistas, investigadores, filósofos y muchos más han dado con la verdad sobre un evento, o nuevas y fascinantes opciones interpretativas gracias a preguntas similares. Si usted escribe ensayo, por ejemplo, un buen uso del ‘¿qué tal si…?’ puede hacer la diferencia entre un texto plano, repetitivo, y uno fresco y lleno de ideas fascinantes.

Ejercitar la imaginación inquisitiva puede ayudarnos a salir de lo cotidiano y lograr lo extraordinario. Pero tal capacidad requiere dirección y entrenamiento adecuados, o de lo contrario podemos perdernos en un mundo de ilusión y no volver nunca a poner los pies en tierra. Al igual que un perro guardián, solo nos es útil si está encadenada donde podamos controlarla.

Defina un rumbo y manténgalo

Ante un problema cualquiera haga un recuento general, una especie de diagnóstico. Identifique los puntos más importantes de la situación (personajes, eventos, lugares) y visualice cómo se relacionan entre ellos. Ahora, cambie alguno, al principio solo de forma sutil, pero poco a poco de maneras más drásticas.

Digamos que su personaje principal es el típico cliché del cine negro: tipo duro, fumador y borracho, que frecuenta lugares de mala muerte y su vida personal es un desastre. ¡Aburrido! Semejante personaje solo es bueno para burlarse de él, y ningún lector será capaz de creérselo ni por un instante de tan gastado que está. Necesitamos hacerlo destacar, que adquiera una tercera dimensión. ¿Cómo? Pues alterando los detalles poco a poco hasta romper su imágen de cartón. ¿Qué tal si nuestro tipo duro resulta ser aficionado a la música clásica? ¿Qué tal si prefiere siempre vestirse con vivos colores? ¿Qué tal si es abstemio, vegetariano y partidario de la medicina natural? ¿Qué tal si…?

Pero la cosa no puede acabar ahí. Una vez que nos planteamos estas preguntas es necesario darles continuidad, llevar las nuevas posibilidades hasta sus últimas consecuencias dentro del límite de la verosimilitud. Si le gusta la música clásica, ¿cuál es su actitud hacia las discotecas ruidosas? ¿Cómo afecta esto su trabajo? ¿Se niega a visitar tales lugares o, por el contrario, lo hace a regañadientes, sintiéndose luego miserable por lo mal que lo ha pasado? Más preguntas surgen de la primera. ¿Y qué tal si le gusta la música clásica porque de niño fue a un conservatorio? ¿Qué tal si ser músico es un sueño frustrado? ¿Qué nos dice eso de su vida personal? Un solo cambio puede afectar la historia en muchos niveles.

Conviértalo en un hábito

El otro punto necesario en este ejercicio es la repetición constante. Al igual que los bíceps, la imaginación se vuelve floja y pierde fuerza con la falta de uso. En cambio, la práctica va aumentando nuestra destreza y olfato para detectar las opciones con potencial.

Las primeras ideas que nos vengan a la mente pueden parecernos magníficas, pero nada nos obliga a quedarnos ahí. ¡No seamos conformistas! Hagamos a un lado los primeros resultados y sumerjámonos de lleno en ese océano de incógnitas. Después de suficientes inmersiones seguramente será posible hallar algún tesoro en el fondo.

Y lo más importante: nos ayudará a evitar los lugares comunes.

La próxima vez que no sintamos plena satisfacción con algún escrito, siempre cabe hacer el ejercicio de formular una simple pregunta con estas tres palabras y descubrir las muchas posibilidades que nos abre.

¡Feliz escritura!

Esas necesarias distracciones

2012/06/04

Una corta caminata puede ayudarnos a despejar la mente.

Muchas veces ocurre, cuando nuestro cerebro se encuentra al borde de un colapso de tanto devanar alguna idea complicada, intentando resolver un problema o entender conceptos demasiado abstractos, que basta una pequeña distracción para sacarnos del ensimismamiento y romper la barrera intelectual que impide nuestro avance.

A mí me pasa de tanto en tanto. Tras horas frente al teclado y la pantalla intentando resolver alguna escena complicada pero sin lograrlo, me voy al servicio sanitario y allí, totalmente distraído del texto, tal vez cuando estoy justo lavándome las manos, me llega alguna idea totalmente nueva que me resuelve el problema. A veces nos esforzamos demasiado y tan solo hacía falta una pequeña distracción…

Esto no le ocurre solo a escritores. Numerosas anécdotas de monjes Zen relatan algo muy similar: tras días enteros de meditación profunda, el ruido inesperado de una rana saltando a una poza, o de una rama de bambú quebrándose, fueron suficientes para sacarles de golpe de su intensa concentración mental y, según cuentan, producirles la iluminación.

Sí, pareciera algo contradictorio. Normalmente cuando escribo intento hacerlo en un ambiente de perfecta calma y con un mínimo de distractores. Si no me es posible escribir de madrugada, suelo silenciar el teléfono o bloquear el ruido exterior con audífonos y una música lo suficientemente monótona o poco interesante como para no prestarle atención. Me funciona de maravilla.

Sir Isaac Newton, el genio matemático y científico que planteó la teoría de la gravitación universal y creador del cálculo (aunque los partidarios de Leibnitz ven las cosas de otra manera), pasaba largas horas en el retrete sumido en una especie de trance intelectual que no admitía la más mínima interrupción, ni siquiera para subirse los pantalones y regresar a su escritorio.

Pero en esos casos donde la mente ya no puede más, donde ya se han agotado todas las alternativas o simplemente hemos caido en un circuito sin salida, busque una distracción pasajera. Salga a caminar por media hora. Tome una siesta. Dése un baño. Cualquier cosa que no le exiga usar el cerebro pero sí sea capaz de sacarle de ese estado de obsesión intelectual. Su salud se verá beneficiada y, posiblemente, su trabajo y escritura también.

¡Felices distracciones!

Cómo ser un escritor de éxito

2012/06/01

Muchas personas creen que escribir es fácil, y se figuran que basta con tener cierta habilidad mecanográfica y un poco de imaginación. Otros sueñan con la fama y el dinero, pero se desaniman al percatarse de todo el esfuerzo involucrado en hasta el más simple de los proyectos narrativos. Más aun, por cada autor publicado hay al menos diez que nunca verán su obra en los anaqueles de una librería, y aunque el libro digital está cambiando las reglas ligeramente, todavía el índice de anonimato es bastante alto.

¿Cuáles son algunas de las características necesarias para convertirse en un escritor exitoso? A continuación propongo una breve lista, pero evidentemente pueden ser más. Se trata de siete distintivos que he podido observar en profesionales del calibre de Stephen King, Isabel Allende o Gabriel García Márquez, y esforzarnos por adquirirlas y desarrollarlas puede ser la diferencia entre el éxito o el fracaso literario.

1-Visión

Como cualquier buena empresa o proyecto, todo inicia con una visión. Deseamos expresar algo, tenemos una historia que contar y llegamos a la conclusión de que la mejor manera de hacerlo es escribiéndola. Pero de ahí a convertir esa inquietud en nuestra profesión hay una gran distancia. Debemos poder imaginar cómo será nuestra vida cuando logremos ese objetivo, pero más importante aún, cómo llegaremos hasta ahí y cuales serán los resultados de nuestro esfuerzo.

2-Vocación

Ser escritor no es asunto de elegidos por la mano del destino ni nada similar, sino más bien acerca de tener la suficiente motivación y seguridad de que es lo mejor para nuestra vida, de que es nuestro ‘llamado’. Debemos ser capaces de disfrutar del proceso creativo y de las largas horas a solas con nosotros mismos más de lo que disfrutamos del reconocimiento, el dinero u otros beneficios posteriores de la escritura (algunos de los cuales tal vez nunca lleguen a darse). De lo contrario no tendremos la suficiente energía para todo el esfuerzo requerido.

3-Inteligencia

Algunos parecieran haber nacido con ella, otros debemos esforzarnos por desarrollarla. Pero la inteligencia a que me refiero es la empresarial. Sí, escribir es principalmente un asunto de sensibilidad y vocación, pero si no tenemos los pies bien plantados en la tierra para manejar nuestro tiempo, planificar las tareas específicas, administrar nuestros recursos y ser realistas con nuestras expectativas, de nada valdrán las otras cualidades pues aun así no duraremos gran cosa en nuestro intento por escribir como medio de vida. A menos que aprendamos a ver la escritura como vemos nuestro trabajo, jamás dejaremos de ser meros aficionados.

4-Creatividad

Si bien hay muchas dudas acerca de si la creatividad es algo inherente o si podemos aprenderla, algo sí es definitivo: podemos cultivarla. Para ello es necesario nutrirse constantemente del trabajo de otras mentes, de otros artistas. Pero también debemos esforzarnos por buscar siempre la forma de contribuir con algo valioso a nuestros lectores, algo de nuestra propia experiencia y no simplemente la copia de algún tema trillado o frase hecha.

5-Habilidad

Escribir requiere destrezas técnicas en el dominio del lenguaje (gramática, ortografía, claridad, estilo, etcétera). También resulta necesario dominar al menos las teorías básicas sobre planeamiento de obras, estructuras narrativas, diálogo, exposición, trama, y un sin fin de otros aspectos ‘mecánicos’. Sin ello no llegaremos muy lejos en un campo donde la competencia tanto como la crítica son brutales.

6-Seriedad

La seriedad no tiene relación con el contenido de nuestras obras sino con el conjunto de actitudes que nos definen como profesionales de la escritura. No hay nada peor que un autor embriagado de supuesta fama –aun si la merece–, y en segundo lugar están quienes viven quejándose de no tenerla. También están los bohemios, los que dependen de alguna substancia tóxica, y toda clase de fauna escritoril.

7-Tenacidad

Escribir bien no es algo que pueda aprenderse de la noche a la mañana con solo leer un manual. Es necesario practicar mucho, tener la capacidad de superar gran cantidad de obstáculos (como la incomprensión de familiares y amistades, la falta de tiempo o la procrastinación), y sobre todo, no rendirse a medio camino.

¿Cuáles otras características podemos identificar en escritores exitosos? ¿Cuáles pueden ser más fáciles o difíciles de alcanzar? Deja tu opinión más abajo.

¡Feliz escritura!

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