El valor de la crítica constructiva

2012/05/06

En los talleres literarios es normal que cada participante lea en voz alta sus escritos para recibir la opinión y ayuda de sus compañeros. El problema algunas veces surge cuando la crítica se sale de tono y en lugar de ayudar en algo termina destruyendo la dinámica del grupo. A continuación algunos consejos de qué hacer y qué no hacer en estos casos para mantener las buenas relaciones y aportar observaciones útiles.

Escuche atentamente a quien lee

La idea de participar en un taller no es solamente que los demás me ayuden con mi trabajo, sino que todos ayuden a todos. Cuando no prestamos atención a quien está leyendo, emitimos el mensaje de ‘no me importa, solo me interesa mi propio texto’. La persona que constantemente hace esto se gana el rechazo de los otros, y pierde además la oportunidad de aprender de sus compañeros y compañeras de taller.

Toda escritura tiene el poder de enseñarnos algo, inclusive si se trata de un género distinto, o si el autor es todavía novato. Así como leer (tanto obras buenas como malas) nos ayuda a desarrollar un ojo crítico con nuestro propio texto, escuchar atentamente a nuestros colegas ayuda a afinar los sentidos y redunda en beneficios para nuestra escritura. Además, la atención demuestra respeto, algo que nosotros mismos deseamos cuando sea nuestro turno de leer.

Finalmente, sin escuchar con atención no seremos capaces de aportar nada útil, y perdemos también la oportunidad de ejercitarnos en retórica y oratoria por este medio.

Aporte comentarios útiles

Como escritor, de nada me sirve cuando alguien me dice lo ‘bonito’ que está mi cuento, o lo ‘bello’ que les pareció mi poema. Tal vez me haga sentir bien, tal vez me ayude a reforzar mi autoestima, pero esa clase de comentario es vacío en tanto no aporta algo práctico para mejorar mi escritura. Es puro azúcar sin ningún contenido nutritivo. Y cuando, por el contrario, nuestra crítica es destructiva, cuando no aporta nada útil, no estamos participando en el taller, estamos aprovechándonos de éste para sentirnos más que los otros. En cualquiera de los dos casos, nuestros comentarios hacen perder el tiempo al resto de participantes.

Para evitar esto, intentemos siempre hallar algún aspecto mejorable y expresarlo de forma que el otro pueda sacarle provecho. ¿Nos gustó determinado uso del lenguaje? Digamos exactamente dónde y por qué motivo; así los demás podrán aprovechar el acierto e intentar repetirlo. ¿Las oraciones nos parecieron demasiado largas y difíciles de entender? Hagámosle saber esto para que revise su forma de concatenar y subordinar ideas.

Sea honesto, pero con asertividad

Hay una diferencia entre decir la verdad y decir ‘mi verdad’. ‘Mi’ tiene el problema de ser enteramente subjetivo y nada confiable, pues mis opiniones y sentimientos no tienen por qué ser compartidos por los demás. Expresiones como ‘no me gusta’ o ‘qué aburrido’ expresan al ‘mi’ sin aportar nada constructivo al compañero o la compañera que leyó su trabajo. Tiene además el inconveniente de sonar como un ataque personal, y esta es la manera más directa y segura de destruir las buenas relaciones entre miembros del taller.

Bien utilizado, el ‘mi’ puede convertirse en instrumento de asertividad; podemos usarlo para expresar objetivamente un hecho subjetivo. Si determinado pasaje nos pareció aburrido, podemos expresarlo en términos que no sean tímidos (‘está muy bonito’) ni agresivos (‘da asco’), sino objetivos o asertivos (‘me costó sostener la atención en esa parte’). De tal forma estamos aportando un comentario práctico, exclusivamente referido al texto, y sin calificar a la persona que lo escribió.

No se tome la crítica como algo personal

Este último consejo va tanto para quien critica como para quien recibe el comentario. Recuerde que el taller no se trata de las personas sino de la escritura. He conocido a muchos escritores que me caían de maravilla pero de cuyos escritos nunca pude enamorarme, y otros insoportables y con serios problemas de relaciones humanas que, sin embargo, escriben muy bien según mi parecer. Pero el punto es que no tengo derecho de dar una crítica negativa a un buen trabajo por más que su autor me caiga mal, ni tampoco es correcto dar críticas maravillosas a mis amigos si el texto no lo merece. En ambos casos es una falta de respeto, pues los comentarios resultan engañosos y no le ayudan al escritor a mejorar su técnica.

Por otro lado, si le ha tocado a usted recibir un comentario negativo, no se justifique pensando que esa persona es un desgraciado, que solo le dice eso para herirle. Revise fría y objetivamente el comentario y verifique cuánto de verdad puede haber ahí y cómo -si acaso- puede mejorar su texto gracias a ese aporte. Recuerde también que los comentarios positivos y bien intencionados no necesariamente serán útiles o aplicables en su caso particular. Discrimine si la crítica se debe a gustos específicos en cuanto a tema y estilo, o si se trata de comentarios sobre la técnica y claridad de las ideas.

Espero que estos consejos le ayuden a usted y su grupo. ¿Tiene alguna otra sugerencia para trabajar con crítica constructiva? ¡Por favor compártala!

¡Feliz escritura!

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