Asistir a festivales

2012/04/18

En estos días se celebra en mi país la XI edición del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, organizado por la Fundación Casa de Poesía.

Es un evento modesto si lo comparamos con otras actividades internacionales, pero en el ámbito poético es tamaña cosa. Al público en general le da la oportunidad de conocer poetas de todo el mundo (este año incluye invitados de Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Túnez, Gambia, India, Jordania, Japón, Chile, España, Guatemala, México, Nicaragua y por supuesto, Costa Rica).

Además, una característica del festival es la de publicar un pequeño poemario de cada invitado, traducido al castellano si la lengua original fuera otra, de modo que se abre la posibilidad de entrar en contacto más profundo con obras de otra manera imposibles de conseguir en estas geografías.

Anoche pude disfrutar de una presentación de casi todos los poetas invitados, en compañía de mi pareja y rodeados de un escuálido público. Fue una oportunidad estupenda para conocer no solo la poesía misma, sino a sus autores, sus lenguas tan distintas, las ideologías, puntos de vista, en fin, la pluralidad de esta forma artística tan poco apreciada en nuestros tiempos.

También me permitió comparar todo lo que se pierde en la traducción. Por poner un ejemplo, cuando aquí el poeta Adam Fathi entonaba con su melodioso acento tunecino, gesticulando como un abuelo que le cuenta un cuento a sus nietos, expresando emociones profundas y sin exageración en esa lengua árabe tan aérea y distante, tan viva, allá un lector recitaba luego el mismo poema, traducido a nuestra lengua, despojado de insinuaciones y matices vibrantes, reducido a palabras secas. Y aun así el poema no murió; mi recuerdo del poeta contador de historias fue más poderoso, y podré retenerlo, revivirlo cuando relea esos versos en el pequeño ejemplar adquirido a la salida del teatro.

Pero la experiencia no termina ahí.

Luego de eventos como este muchas veces es posible compartir con los propios invitados, conversar unos minutos, y hasta intercambiar información de contacto si fuera del caso. Resultó evidente que la mayoría de los propios invitados, sino todos, hizo esto desde un principio, como también era obvio que se habían formado lazos de amistad perdurable más allá del festival.

Empaparse de nuevas voces resulta siempre como un bálsamo para la creatividad desgastada. Apenas tuve oportunidad comencé a escribir, y aunque no puedo presumir del resultado, al menos me siento lo suficientemente satisfecho de haber alimentado por un rato mi vena poética (y si uno es como yo, estos espacios son casi indispensables para mantener el vínculo).

Decía Ray Bradbury que el único motivo por el cual se puede agotar la creatividad es por desnutrición, por falta de estímulo de otras lecturas, de música, de teatro, de ingenio. En este sentido concuerdo plenamente, pues el simple contacto con estos poetas me ha llenado un vacío que hasta entonces no había acertado a reconocer.

Si se encuentra en Costa Rica, o si en su propia región existe algún espacio similar, le aconsejo que no deje pasar la oportunidad de asistir.

 

¡Feliz escritura!

 

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