Reseña – La poética de Aristóteles

2012/04/12

Platón y Aristóteles, detalle de "La escuela de Atenas", por Raphael Sanzio

Todo autor de escritura creativa que se respete llega, tarde o temprano, a citar entre los fundamentos de la escritura occidental a la Poética (o arte de la composición dramática) del griego Aristóteles.

Algunos alaban la lucidez de esta obra escrita hace poco más de dos mil años; otros repudian su visión primitiva, seguros de que todo lo dicho ahí ya se encuentra superado con creces por los modernos teóricos. También están quienes pretenden citarlo y fundamentar con la autoridad del filósofo sus propios argumentos, aun cuando el griego no dijera nunca nada parecido. En fin, son muchos quienes citan, y pocos los que realmente han leído esta obra.

Digamos simplemente que Aristóteles fue un pensador muy reconocido en su tiempo, quien dedicó su vida al aprendizaje y la enseñanza, primero de mano de Platón y otros maestros de la Academia de Atenas, luego dando clases particulares a príncipes y gobernantes, como a Alejandro Magno, hasta fundar, finalmente, el Liceo de Atenas. Escribió gran cantidad de textos, algunos como discursos públicos (ahora casi todos perdidos), y otros cuantos como notas privadas de clase, que son precisamente de los pocos supervivientes hasta nuestros días.

En ese sentido, la Poética resulta con frecuencia obscura y difícil de interpretar, pues carece de muchas explicaciones dadas por el maestro verbalmente a sus alumnos, pero nunca registradas por escrito.

Existen muchas versiones de la Poética, pero la mejor en castellano es, hasta el momento, la del ilustre traductor (y filólogo) Valentín García Yebra. Recomiendo en particular la edición trilingüe Griego-Latín-Castellano publicada por Gredos en 1974, por contar con copiosas notas aclaratorias y una excelente introducción, además de interesantísimos apéndices con comentarios sobre temas específicos, como la catarsis o la tragedia; el fabuloso índice analítico que acompaña esta edición resulta, sencillamente, invaluable. Eso sí, es posible saltar directamente al texto propio y olvidarse de los añadidos académicos si se prefiere una lectura rápida.

La Poética es un tratado sobre el arte y técnica de la creación de obras “literarias”, tomando en cuenta, eso sí, que la mayoría estaban destinadas a su interpretación en un escenario, no para ser leídas de un pergamino. Dicen las primeras líneas:

“Hablemos de la poética en sí y de sus especies, de la potencia propia de cada una, y de cómo es preciso construir las fábulas (historias) si se quiere que la composición poética resulte bien, y asimismo del número y naturaleza de sus partes (…)”

Es en esta obra que se definen en términos generales los principales géneros dramáticos de la época, nos ofrece una teoría del origen de la poesía, y pasa luego a dedicarse por entero a la tragedia, dejando para otro volumen, lamentablemente perdido, lo referente al género cómico.

Buena parte de la teoría moderna de los elementos de la escritura creativa se basa de alguna forma en los escritos de Aristóteles. Conceptos como estructura, caracterización, lenguaje poético, exposición, etcétera se recogen originalmente en este texto para ser desarrollados luego por incontables autores a través de los siglos. En ese sentido, podemos considerar la Poética como el primer manual de escritura creativa en la historia.

Quienes nos interesamos por aprender sobre esto que llamamos escritura, en especial sobre la ficción, podemos hallar en Aristóteles un buen número de ideas fundamentales, incluyendo algunas que en la actualidad ya no se trabajan o han cambiado hasta volverse casi irreconocibles, como los conceptos de agnición, catarsis o melopeya, así como el origen de otros más conocidos, como trama, estructura, nudo y desenlace.

Aunque los escolásticos y otros pensadores de antaño llegaron a tomarse esta obra con tanta seriedad como para considerarla prescriptiva, es evidente que en la actualidad debemos cuidarnos de no seguir ciegamente sus recomendaciones. Son el producto de su época y cultura, pero pueden llegar a enseñarnos bastante acerca del origen de este arte.

No se deje abrumar por el lenguaje arcaico ni las diferentes traducciones e interpretaciones de algunos términos. Vale la pena leer y reflexionar cada una de sus líneas, tomando con ojo crítico aquello que pueda enriquecer ese saco de trucos que llamamos nuestro oficio.

¡Feliz escritura!
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