Archive for abril, 2012

7 consejos para estimular la creatividad

2012/04/30

A casi todos nos pasa. Quedarnos mirando fijamente el espacio monócromo del lienzo, el papel, la pantalla y no saber qué diablos hacer para transformar esa nada en algo –no un algo cualquiera, faltaba más, sino en algo de lo cual sentirnos orgullosos, que valga la pena.

Nos ocurre a los estudiante con nuestras redacciones para el día siguiente tanto como los profesionales con nuestros primer bosquejo. En todo ámbito creativo toparemos tarde o temprano con este insoportable vacío y el miedo de no poder llenarlo. Existen muchos trucos para salir al paso en el momento, pero la verdadera cuestión es cómo lograr que la inspiración se mantenga constantemente a nuestro alcance.

En los años que llevo de leer gran cantidad de manuales, revistas y otros materiales sobre escritura creativa, además de mi propia experiencia individual o en talleres literarios, puedo enumerar siete estrategias fundamentales para reavivar las llamas de la inspiración. No son ocurrencia mía, y quien haya leído algo sobre escritura creativa podrá reconocerlos en sus múltiples encarnaciones.

1. Llenarnos de estímulos: leer mucho, aprender de los clásicos, discriminar a quién emularemos, alimentarnos de ideas, rodearnos de buenos maestros. Parte de ello implica estudiar, no solo a los escritores y sus obras literarias, sino también obras sobre escritura y redacción. Y claro está, alimentarnos de otras expresiones artísticas.

2. Dominar el idioma: solo así podremos expresar nuestras ideas. Esto se adquiere primero con la lectura arriba mencionada, pero ello no basta, sino que es imprescindible poner manos a la obra y practicar incesantemente todos los aspectos técnicos: redacción, vocabulario, gramática, etcétera.

3. Ser originales: es decir, no tratar de imitar a otros, no copiar, ser honestos con nosotros mismos y nuestros escritos, decir las cosas por convicción y no como estrategia de ventas. Se trata de crear algo capaz de contribuir a la humanidad de alguna forma, no simplemente de repetir lo mismo de siempre en otras palabras. No hay nada más estimulante que expresarnos libremente, sin estar a la sombra de otros ni buscando su aprobación.

4. Ser tenaces: escribir todos los días, tener disciplina, no contentarse con el primer borrador, revisar y estar dispuestos a corregir, cambiar, quitar o añadir hasta estar completamente satisfechos con el resultado. Implica reconocer que las obras valiosas no salen al primer intento. Y sobre todo, jamás rendirnos.

5. Disfrutar del proceso: tener la apertura para experimentar, divertirnos, imaginar, crear, explorar. Escribir es lo primero; la corrección y el pulimiento vendrán después. No permitamos que nuestro crítico interno haga de las suyas.

6. Ser buenos observadores: solo así aprenderemos a conocer la naturaleza humana, poner atención, vivir la vida, expresar lo humano, tener algo valioso que decir en nuestras obras (y en ese sentido, se complementa con la originalidad).

7. Perder el miedo: tenemos derecho a equivocarnos, a escribir a sabiendas que se cometen errores, que nunca estaremos satisfechos, que vale más el contenido que la forma, que no a todo el mundo le gustará lo que escribamos. Si intentamos alcanzar la perfección, o si pretendemos adaptarnos a todas las críticas, jamás llegaremos a producir nada.

Aunque suenen a cosa evidente, me sorprendo una y otra vez siempre que alguien, en contra de todo sentido común, pretende ayudar a otros ‘aconsejándoles’ las versiones contrarias de estos siete puntos… pero eso es tema para otro artículo.

¿Y usted qué opina? ¿Cuál es su estrategia favorita para asegurar un flujo constante de inspiración?

¡Feliz escritura!

Divertimento – La inspiración

2012/04/27

¿Qué es la inspiración, esa extraña ráfaga de aire fresco y chispas radiantes, tan ansiada por creadores o artistas y al mismo tiempo tan escasa? Sin ella nos cuesta mover los dedos aunque sea para presionar el botón de encendido en el televisor. Cuando está presente no importa si llueve o truena o si un tsunami se nos viene encima, el cuerpo y la mente responden como por posesión demoniaca ante el ineludible llamado creativo. Son momentos para tenerle cuidado al autor, y que nada ni nadie ose distraernos si no desea ser víctima de una ira volcánica y fulminante.

Inspirar es abrir los pulmones y llenarlos de aire. Es abrir el pecho y llenarlo de emoción. Es abrir la mente, y llenarla de ideas. Abrir por fin el alma y llenarla de aliento vital y divino, ese espíritu generador que penetró en una estatuilla de barro y la hizo un hombre, un animal pensante, capaz de levantarse y andar y conocer y dar nombre a todos los seres y todas las cosas. Un creador a imagen de su Creador, libre para idear, pensar, descubrir, imaginar, soñar, diseñar, planear, estructurar, construir, y participar activamente en la obra de sí mismo.

Los mitos y las religiones dan todos cuenta del acto creativo original. Todos incluyen elementos básicos comunes, en donde un ser divino tomó algunos materiales como tierra y agua para hacer barro, fuego para cocinarlo y viento para hacerlo despertar; como madera del árbol sagrado tallada en forma humana y, nuevamente, imbuida con el espíritu vital. El papel de la divinidad como punto originador del cosmos le da un carácter divino a todo acto creativo, y en nuestra ingenuidad queremos adoptar esta aureola gloriosa, comparándonos y reconociéndonos como el único animal realmente capaz de crear por puro arte en lugar de ciego instinto.

No debe extrañar que, en las culturas antiguas, la creatividad y la creación artística en cualquier ámbito fueran vistas como algo sagrado, como un don o regalo celestial, una cualidad invisible que eleva al artista por encima de sus congéneres hasta el estado de semidiós incomprendido, las gentes comunes incapaces de otra cosa más que admiración profunda o terrible envidia. Aún hoy en día más de un creador, imaginándose coronado con laureles dorados, siente elevar su cuerpo por encima del mundanal ruido (y si para esto necesita que la hierba esté muy verde, o el líquido muy puro, ¿a quién le importa?).

La inspiración es así obra de las Musas, esas doncellas temperamentales y demasiado distraídas, que te visitan una semana, una noche, un segundo, para luego marcharse por temporadas enteras a sus blancas mansiones mediterráneas. O acaso sea Saga, señora de la historia de los reyes y proezas heroicas, que derramó unas gotas de su néctar cuando descuidadamente le susurraba a Odín, su amante, algún relato pícaro al oído. El propio Odín, y Bragui, de sus muchos hijos, difundieron prodigiosamente sus excesos para el beneficio de poetas y bardos por doquier. Fácil resulta entender por qué motivo el creador se vea en necesidad de alimentarse abundantemente con el producto de otros artistas, de otros elegidos: el hidromiel sagrado de la inspiración se encuentra ahí donde otros han bebido de él y se han extasiado en sus vapores.

La inspiración entonces no se relaciona en lo más mínimo con tener ideas (éstas un mero subproducto de aquélla). Las ideas, al igual que los burdos materiales del artista, sus brochas y pinturas, su pluma y pergamino, su mármol y cincel, son objetos definidos y susceptibles de cambio y transformación temporales. Una idea no basta para llevar a cabo la obra maestra. Se pueden tener todas las ideas del mundo, toda la técnica y las herramientas, que sin inspiración no valen nada; de igual modo que la inspiración, aún desprovista de trabajo duro, destreza e ingenio, es capaz de convertir en arte hasta el objeto más común y más vulgar, el más cotidiano. Esto lo dicen los creadores modernos, los semidioses, los genios; entonces no hay más remedio que aceptarlo como cierto.

¿Qué es la inspiración, a fin de cuentas? Si lo sabes, ¡no me digas! No quiero que me arruines el misterio.

 

¡Feliz escritura!

 

Asistir a festivales

2012/04/18

En estos días se celebra en mi país la XI edición del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, organizado por la Fundación Casa de Poesía.

Es un evento modesto si lo comparamos con otras actividades internacionales, pero en el ámbito poético es tamaña cosa. Al público en general le da la oportunidad de conocer poetas de todo el mundo (este año incluye invitados de Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Túnez, Gambia, India, Jordania, Japón, Chile, España, Guatemala, México, Nicaragua y por supuesto, Costa Rica).

Además, una característica del festival es la de publicar un pequeño poemario de cada invitado, traducido al castellano si la lengua original fuera otra, de modo que se abre la posibilidad de entrar en contacto más profundo con obras de otra manera imposibles de conseguir en estas geografías.

Anoche pude disfrutar de una presentación de casi todos los poetas invitados, en compañía de mi pareja y rodeados de un escuálido público. Fue una oportunidad estupenda para conocer no solo la poesía misma, sino a sus autores, sus lenguas tan distintas, las ideologías, puntos de vista, en fin, la pluralidad de esta forma artística tan poco apreciada en nuestros tiempos.

También me permitió comparar todo lo que se pierde en la traducción. Por poner un ejemplo, cuando aquí el poeta Adam Fathi entonaba con su melodioso acento tunecino, gesticulando como un abuelo que le cuenta un cuento a sus nietos, expresando emociones profundas y sin exageración en esa lengua árabe tan aérea y distante, tan viva, allá un lector recitaba luego el mismo poema, traducido a nuestra lengua, despojado de insinuaciones y matices vibrantes, reducido a palabras secas. Y aun así el poema no murió; mi recuerdo del poeta contador de historias fue más poderoso, y podré retenerlo, revivirlo cuando relea esos versos en el pequeño ejemplar adquirido a la salida del teatro.

Pero la experiencia no termina ahí.

Luego de eventos como este muchas veces es posible compartir con los propios invitados, conversar unos minutos, y hasta intercambiar información de contacto si fuera del caso. Resultó evidente que la mayoría de los propios invitados, sino todos, hizo esto desde un principio, como también era obvio que se habían formado lazos de amistad perdurable más allá del festival.

Empaparse de nuevas voces resulta siempre como un bálsamo para la creatividad desgastada. Apenas tuve oportunidad comencé a escribir, y aunque no puedo presumir del resultado, al menos me siento lo suficientemente satisfecho de haber alimentado por un rato mi vena poética (y si uno es como yo, estos espacios son casi indispensables para mantener el vínculo).

Decía Ray Bradbury que el único motivo por el cual se puede agotar la creatividad es por desnutrición, por falta de estímulo de otras lecturas, de música, de teatro, de ingenio. En este sentido concuerdo plenamente, pues el simple contacto con estos poetas me ha llenado un vacío que hasta entonces no había acertado a reconocer.

Si se encuentra en Costa Rica, o si en su propia región existe algún espacio similar, le aconsejo que no deje pasar la oportunidad de asistir.

 

¡Feliz escritura!

 

Reseña – La poética de Aristóteles

2012/04/12

Platón y Aristóteles, detalle de "La escuela de Atenas", por Raphael Sanzio

Todo autor de escritura creativa que se respete llega, tarde o temprano, a citar entre los fundamentos de la escritura occidental a la Poética (o arte de la composición dramática) del griego Aristóteles.

Algunos alaban la lucidez de esta obra escrita hace poco más de dos mil años; otros repudian su visión primitiva, seguros de que todo lo dicho ahí ya se encuentra superado con creces por los modernos teóricos. También están quienes pretenden citarlo y fundamentar con la autoridad del filósofo sus propios argumentos, aun cuando el griego no dijera nunca nada parecido. En fin, son muchos quienes citan, y pocos los que realmente han leído esta obra.

Digamos simplemente que Aristóteles fue un pensador muy reconocido en su tiempo, quien dedicó su vida al aprendizaje y la enseñanza, primero de mano de Platón y otros maestros de la Academia de Atenas, luego dando clases particulares a príncipes y gobernantes, como a Alejandro Magno, hasta fundar, finalmente, el Liceo de Atenas. Escribió gran cantidad de textos, algunos como discursos públicos (ahora casi todos perdidos), y otros cuantos como notas privadas de clase, que son precisamente de los pocos supervivientes hasta nuestros días.

En ese sentido, la Poética resulta con frecuencia obscura y difícil de interpretar, pues carece de muchas explicaciones dadas por el maestro verbalmente a sus alumnos, pero nunca registradas por escrito.

Existen muchas versiones de la Poética, pero la mejor en castellano es, hasta el momento, la del ilustre traductor (y filólogo) Valentín García Yebra. Recomiendo en particular la edición trilingüe Griego-Latín-Castellano publicada por Gredos en 1974, por contar con copiosas notas aclaratorias y una excelente introducción, además de interesantísimos apéndices con comentarios sobre temas específicos, como la catarsis o la tragedia; el fabuloso índice analítico que acompaña esta edición resulta, sencillamente, invaluable. Eso sí, es posible saltar directamente al texto propio y olvidarse de los añadidos académicos si se prefiere una lectura rápida.

La Poética es un tratado sobre el arte y técnica de la creación de obras “literarias”, tomando en cuenta, eso sí, que la mayoría estaban destinadas a su interpretación en un escenario, no para ser leídas de un pergamino. Dicen las primeras líneas:

“Hablemos de la poética en sí y de sus especies, de la potencia propia de cada una, y de cómo es preciso construir las fábulas (historias) si se quiere que la composición poética resulte bien, y asimismo del número y naturaleza de sus partes (…)”

Es en esta obra que se definen en términos generales los principales géneros dramáticos de la época, nos ofrece una teoría del origen de la poesía, y pasa luego a dedicarse por entero a la tragedia, dejando para otro volumen, lamentablemente perdido, lo referente al género cómico.

Buena parte de la teoría moderna de los elementos de la escritura creativa se basa de alguna forma en los escritos de Aristóteles. Conceptos como estructura, caracterización, lenguaje poético, exposición, etcétera se recogen originalmente en este texto para ser desarrollados luego por incontables autores a través de los siglos. En ese sentido, podemos considerar la Poética como el primer manual de escritura creativa en la historia.

Quienes nos interesamos por aprender sobre esto que llamamos escritura, en especial sobre la ficción, podemos hallar en Aristóteles un buen número de ideas fundamentales, incluyendo algunas que en la actualidad ya no se trabajan o han cambiado hasta volverse casi irreconocibles, como los conceptos de agnición, catarsis o melopeya, así como el origen de otros más conocidos, como trama, estructura, nudo y desenlace.

Aunque los escolásticos y otros pensadores de antaño llegaron a tomarse esta obra con tanta seriedad como para considerarla prescriptiva, es evidente que en la actualidad debemos cuidarnos de no seguir ciegamente sus recomendaciones. Son el producto de su época y cultura, pero pueden llegar a enseñarnos bastante acerca del origen de este arte.

No se deje abrumar por el lenguaje arcaico ni las diferentes traducciones e interpretaciones de algunos términos. Vale la pena leer y reflexionar cada una de sus líneas, tomando con ojo crítico aquello que pueda enriquecer ese saco de trucos que llamamos nuestro oficio.

¡Feliz escritura!
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